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A nales de la R eal A cademia de M edicina y C irugía de V alladolid
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Obtenido el grado de doctor permaneció en la Catedra, siendo nombrado
Profesor adjunto y, posteriormente, tras de la jubilación de Fernández Cabeza,
encargado de Catedra de Medicina Legal.
Previamente a esta designación había realizado sus primeros pinitos univer-
sitarios en la especialidad de Psiquiatría, bajo la dirección del inolvidable Dr.Vi-
llacian, llegando incluso a dar prácticas y lecciones de esta materia, experiencia
que le habría de ser sumamente útil en su actividad ulterior en los juzgados.
Durante este tiempo, Pelegrin Martínez Baza, era una máquina de ganar
oposiciones. Además de la ya citada de Alumno Interno, ganó la de Medico de
Enseñanza Media, desarrollando su actividad entre jóvenes de nuestros Institutos.
Ganó también la oposición para el curso y título de Puericultor del estado
Ganó la oposición de Medico de Asistencia Publica Domiciliaria, la famosa
APD, para ser médico titular en un pueblo o en una ciudad. Era la versión de en-
tonces de lo que es la Medicina de familia ahora.
Ganó también la Oposición al cuerpo de Inspectores Médicos de la Seguri-
dad Social, el antiguo Instituto Nacional de Previsión, viviendo directamente los
problemas de una medicina socializada, tanto en el aspecto asistencial como en
el organizativo.
Y también ganó en 1962 la Oposición a Médico Forense, la que habría de
definir más claramente su actividad asistencial y profesional. Y lo hizo con la
autoridad suficiente para elegir la Plaza de Médico Forense del partido judicial de
Villalon de Campos. Por aquellas fechas, era difícil que el primer destino de un
recién ingresado médico forense fuera una capital de provincia. Lo frecuente era
ser destinado a un partido judicial en poblaciones muy diversas. Hay que suponer
la brillantez que debió tener su oposición para obtener como primer destino un
juzgado de una localidad tan “golosa” por su proximidad a la capital de la pro-
vincia.
Durante estos años de intensa actividad y de obra tan prolija, Pelegrín Mar-
tínez Baza, casi milagrosamente diría yo, tuvo tiempo para formar un hogar. En-
tre Oposición y Oposición, entre Clase y Clase, entre autopsia y autopsia, entre
levantamientos nocturnos para actos judiciales, entre todo esto, quiso seguir la
estela familiar creando una familia basada en el ejemplo de su padre de quien dice
que “pasó por la vida haciendo el bien”, y en el de su madre, “ejemplo de cariño,
amor y estilo de vida”. Con estos antecedentes, con esta manera de ser, no es de
extrañar que enamorara a Regina, “la Reina”, hasta el punto de recibir de ella el
fruto de sus dos hijas, “las princesas”, a las que ambos transmitieran el principio
de esperanza y equilibrio basado en el amor.
La verdad es que tuvo tiempo para muchas cosas. No puedo relatarlas todas
y me voy a centrar un poco en su actividad docente y posteriormente en la propia
de médico forense