Mi primera publicacion ANALES 2018 FINAL FINAL p | Page 434

434 V olumen 55 (2018) En términos deportivos, consideramos que un árbitro que pasa desapercibi- do ha realizado una labor excepcional. No es este el caso para resumir el balance de la vida de un médico. Ninguno de los cuatro Académicos que he tenido el honor de glosar pasaron desapercibidos, como tampoco lo hiciera el Profesor Pelegrin Martínez Baza al que hoy rememoramos. Todos ellos aportaron lo me- jor de sus vidas al progreso médico, tanto en el aspecto asistencial como en el investigador o en el docente, y, en el caso del profesor Martínez Baza, en las tres vertientes a la vez: asistencial; como curador de enfermos; investigador, como buscador de la verdad mediante el análisis del cuerpo humano y como docente enseñador del arte de la medicina al servicio de la justicia. Nos ocuparemos de estas facetas más adelante. Al tratar de elaborar este discurso consideré difícil y arriesgado, exponer ante un auditorio, como el aquí presente, las cualidades de una persona con la que solo he convivido estos últimos años. Por este motivo, y para cumplir el cometido académico de hacer su semblanza, algunos datos que yo pueda exponerles han sido recogidos de sus allegados, de sus compañeros de trabajo, de profesores o de su propia familia, escuchando o leyendo sobre lo que de él se ha dicho o escrito. Su hija Mercedes, Académico de Número de esta Corporación, en su discurso de ingreso, y en los párrafos de agradecimientos, atribuía a su padre y cito textual- mente: “grandes cualidades humanas y profesionales como su enorme espíritu de trabajo, sacrificio y responsabilidad, atributos que le valieron llegar a lo más alto en su profesión”. Nuestro inolvidable maestro el Profesor D. Antonio Pérez Casas, en el discurso de recepción de Pelegrin como Académico de Número, escribió: “El deseo de perfeccionamiento en la medicina que tiene Pelegrin es admirable y se ha manifestado en todos los momentos de su trayectoria vital”. Y añade “Cons- ciente de que el poder de captación hacia los alumnos solamente se consigue con el ejemplo, Pelegrin Martínez Baza enseñaba a trabajar, trabajando”. En otra parte de su discurso, Pérez Casas afirmaba: “Martínez Baza es un buen maestro de la Medicina Legal, porque sabe, enseña y ama. Simpatiza con ella, porque ama el campo del conocimiento científico al que se ha entregado”. Creo que no debo ser yo quien añada una sola coma a esta percepción, y menos viniendo de quien vino. Amigos comunes en la judicatura le han definido como “Riguroso, implaca- ble e irrefutable en sus informes o dictámenes periciales” Desconozco otras opiniones que de Pelegrin pudieran tener los estamentos de la justicia con los que compartió tarea durante tantos años, pero me basta un hecho para suponer una relación afectuosa y respetada. Y este hecho fue la com- probación personal de la presencia de las más altas autoridades jurisdiccionales de nuestra ciudad en el triste día de su funeral y entierro.