Mi primera publicacion ANALES 2018 FINAL FINAL p | Page 293

A nales de la R eal A cademia de M edicina y C irugía de V alladolid 293 ción, talento y entrega mantuvieron viva la llama de esta venerable institución a menudo también en épocas muy difíciles. Estimo por tanto que este acto debería servir para honrar sus figuras, y para recordar, y enaltecer sus memorias. Y, si me permiten la de mis Maestros, pocos, pero inolvidables; Don Antonio Pérez Casas, Don Carlos Almaraz Quintana, Don Sisinio de Castro y del Pozo y mi más querido y principal mentor Don Enrique Romero Velasco. Nos enseñaron a ser médicos y (como he dicho en otras ocasiones) nos in- citaron a transmitir los saberes y los valores esenciales de la medicina, como un hilo conductor inherente a la auténtica vocación universitaria. Para todos ellos que se encuentran ya en el silencio de las sombras mi más profundo respeto, recuerdo entrañable, gratitud y admiración eternas. Su obra y su testimonio, sin duda, impregnaron los muros de nuestra institución porque hicieron de su paso por la vida un ejemplo permanente de altruismo, vocación, entrega, nobleza, dignidad y talante universitario de ellos tomamos la medida y el canon de un mundo difícil pero posible porque nos ilustraron también sobre la ética, la estética y el arte de la vida. Permítanme finalmente que haga referencia sobre algunas cuestiones de nuestro tiempo que como universitario me inquietan. La ciencia es el motor de un país o si ustedes prefieren cuando la inves- tigación científica constituye el verdadero motor económico de una sociedad, es lamentable que la universidad y la investigación no formen parte de nuestro orgullo patrio. En algunos países como Estados Unidos la investigación I+D+i es sagrada. En nuestro país solo la fama que alcanzan algunos futbolistas y personajes de insulto fácil, parecen ser lo rentable y la investigación científica poco estimulada y potenciada parece no poseer valor y recoge con frecuencia la indiferencia. Además, hemos de admitir, con respeto que en España no se precisan tantas universidades, y se necesitan por contra más universitarios de excelencia. Por tanto, considero básico e imprescindible rivalizar por los mejores, seleccionar adecuadamente a las personas y siempre sobre la base del mérito y de la calidad. Señoras y señores, la investigación y educación deberían ser tratadas con más medios y esmero, con una visión a largo plazo y no sólo para recoger solo frutos inmediatos de rentabilidad política. Es bien conocido que una buena for- mación intelectual y profesional siempre ha acompañado a las sociedades más avanzadas. Como colofón a todo lo anteriormente expuesto considero que sería desea- ble que empezáramos hablar de valores nuevamente, porque se han perdido: El respeto al bien común, la verdad sobre la hipocresía, el valor frente al desdén y la cobardía especialmente cuando esta es subrepticia y cargada de maledicencia; la humildad frente a la arrogancia impertinente y fatua; la justicia frente a la espe-