Mi manual del bebé, quinta edición octubre 2013 | Page 76

El cuerpo femenino y el desarrollo del bebé en el útero están diseñados para el nacimiento vía vaginal; bajo condiciones normales, el parto vaginal presenta menos complicaciones para madre y bebé, comparado con la cesárea. La cesárea es una cirugía indicada como tratamiento de un parto donde hay un riesgo aumentado por alguna situación particular que se puede presentar antes del parto o durante el mismo. Algunos ejemplos son: bebé muy grande (macrosomía, desproporción céfalo pélvica), presentaciones inadecuadas del bebé (nalgas), embarazo gemelar o múltiple, algunos casos de preeclampsia, placenta previa o desprendimiento anormal, bienestar fetal comprometido (detectado por monitoría y/o ecografía). La cesárea, siendo confiable, muestra más riesgos que el parto por mayor dolor y más posibilidades de infección, de lesiones en la vejiga o el intestino y de dificultad respiratoria para el bebé. Haber tenido un parto por cesárea no es indicación para volver a hacer cesárea; cuando se tiene un embarazo habiendo tenido el anterior hijo por cesárea, el médico debe realizar una evaluación, durante el control prenatal y/o durante el trabajo de parto ya iniciado, para determinar si se debe repetir la cesárea o permitir un parto vaginal. Los beneficios del parto vaginal, aceptados y recomendados por la Organización Mundial de la Salud (OMS), permiten decir que este es seguro si la evaluación así lo indica. Cuando se tienen dos o más cesáreas previas es recomendable hacer nuevamente cesárea, ya que son mayores los posibles riesgos al permitir un parto vaginal. Etapas del parto Las condiciones físicas, psicológicas y emocionales de la madre deben ser adecuadas, y el bebé debe estar en condiciones óptimas de tamaño, anatomía y acomodación (cabeza abajo). Una vez dadas las contracciones regulares (2 ó 3 en 10 minutos), el útero ha iniciado su acortamiento y dilatación, ya que tiene que pasar de estar grueso y casi cerrado o cerrado, a adelgazarse (lo que llamamos borramiento) y a abrirse hasta 10 cm (dilatación), para que la cabeza y el cuerpo del bebé salgan. Esto se evalúa con tactos vaginales. Inicialmente las contracciones se van haciendo un poco más fuertes y seguidas, durante un tiempo de entre seis y ocho horas. Durante este período es importante mantener una respiración tranquila, la madre puede levantarse, caminar y tomar líquidos claros. 74 En las siguientes cuatro a seis horas, las contracciones se hacen más fuertes, se presenta sangrado y presión en el abdomen bajo o el recto, lo que indica que la dilatación va avanzando y el bebé está comenzando a descender; la fuente suele romperse en este período y pueden requerirse medicamentos para el dolor. Es necesario mantener la calma y respirar pausadamente. Una vez se completa la dilatación, el período final es el descenso y nacimiento del bebé, cuando se requiere la colaboración de la madre para pujar (toma la respiración y sin soltar el aire, hace fuerza concentrada al recto), en cada contracción. La respiración profunda durante los descansos o asociada al pujo en las contracciones es vital. Esta última etapa dura una hora aproximadamente.