Mi manual del bebé, quinta edición octubre 2013 | Page 142
Desarrollo / Meses 10-12
Hiperactividad y negativismo
Una actitud sensata de los padres es responder siempre
del mismo modo ante los diferentes comportamientos de su hijo.
Cada ser humano tiene su propio ritmo
de desarrollo; los niños nacen con una
combinación única de características
psíquicas y de comportamientos que se
van desarrollando en su interacción con
la familia, el medio y la cultura.
El comportamiento en los niños depende de su edad, personalidad y desarrollo físico y emocional. Un niño o niña
de 10 a 12 meses está en la etapa de
desarrollo psicosocial de confianza versus desconfianza; por lo tanto, busca
siempre la respuesta de los adultos hacia sus necesidades o actividades.
En lo que respecta a desarrollo motor, se encuentra en la etapa de sostenerse de pie e iniciar la marcha, pero
ya desde los nueve meses ha iniciado
el desplazamiento a través del gateo.
Esto le da cierta autonomía y le permite
ir de un lugar a otro para explorar
y descubrir cosas nuevas.
El comportamiento de
un niño puede ser un problema si no cumple con
las expectativas de la familia o si causa alguna
perturbación, su actividad
exploratoria muchas veces
puede ser considerada por
los adultos como una hiperactividad o un acto de
rebeldía hacia una
orden sencilla.
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Los niños tienden a continuar un
comportamiento cuando éste es recompensado y a frenarlo cuando es
ignorado. Tener siempre una sola reacción y actitud ante cierto comportamiento del niño es importante, puesto
que recompensarlo y sancionarlo por
el mismo proceder en ocasiones diferentes lo confunde y lo puede llevar a
asumir actitudes difíciles.
Aunque en las etapas iniciales, las
diferencias de género en los comportamientos son menos consistentes que en
las edades más grandes, es importante
saber que el comportamiento propio
de cada niño o niña, así como su desarrollo, se van modificando según los
cuidados que le den los adultos significativos o aquellos que acompañan su
crecimiento.
Dar afecto, responder a las
necesidades del niño o la niña,
en este caso el llanto, darle
confianza para que haga
las cosas solo y fortalecer
las relaciones con vínculos afectivos seguros,
ayudan a la adquisición
de la autorregulación o
autocontrol, indispensable
para que adquiera su autonomía, sociabilidad
y autoestima, que le
acompañarán toda la vida.