Mi manual del bebé, quinta edición octubre 2013 | Page 140
Desarrollo / Meses 10-12
Teniendo como proyecto de vida la
construcción cotidiana de la autoestima,
autonomía, solidaridad, felicidad y salud
para tejer resiliencia, se configura todo
un plan de crianza humanizada que se
propone a los padres para el acompañamiento afectuoso e inteligente a sus hijos durante su proceso vital, como un verdadero ejercicio de su labor puericultora.
La crianza humanizada está basada
en la protección integral de los derechos
de la niñez, solucionando las necesidades específicas de cada etapa de la
vida y promoviendo el desarrollo de
las potencialidades del niño o la niña y
brindándole oportunidades que faciliten
el logro de competencias y habilidades
para la vida.
Si se toman los párrafos anteriores
como un proyecto de vida familiar, muy
probablemente los niños tendrán el ambiente ideal para su desarrollo integral.
Desde la lactancia se ha empezado a educar al niño sobre la importancia de diferenciar los horarios para la comida, jugar, dormir o salir.
Por lo tanto, en este punto será más fácil la adaptación al nuevo hábito de sentarse en la mesa junto a los demás miembros de la familia.
Una vez empieza a comer solo es el momento para instalarle un
lugar. Pueden asignársele funciones adecuadas a su edad para acomodar la mesa, hacer agradable ese momento, explicar qué está
comiendo y por qué es saludable.
Al comienzo no le imponga muchas reglas y permítale hacer
regueros. Con la práctica aprenderá a controlar los cubiertos y el espacio. Puede enseñarle que sólo hay un lugar y ciertos horarios para
comer. Esto construye buenos hábitos de alimentación.
Limpiar las manos y la boca del bebé antes de cada toma son prácticas
que empiezan a generarle la necesidad de estar limpio cuando se va a alimentar. El lavado de las manos es un hábito que se ajusta con el día a día,
e incluye asear brazos, manos, uñas y entre los dedos, con agua y jabón.
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