Marejadas Rurales y Luchas por la vida CONSTRUCCIÓN SOCIOCULTURAL y ECONÓMICA del CAMPO | Page 331

306 HÉCTOR B. FLETES OCÓN l MARÍA GUADALUPE OCAMPO GUZMÁN Alcances y retos de los movimientos alimentarios alternativos desde las acciones y perspectivas que apunta a la apertura a la economía global y al desarrollo impulsado por las exportaciones (Robinson, 2015). Al integrarse los países a la economía global: la oferta de nuevos productos respondía a la nueva demanda en el mercado mundial, a los cambios en los patrones de consumo en el mundo, a la necesidad de mayores cantidades de materias primas como parte de la expansión y reestructuración de largo alcance de la base de producción mundial, a la cambiante división del trabajo, y a la necesidad de una serie de servicios financieros y de otra índole para facilitar la acumulación global (Robinson, 2015: 73) Emerge entonces, alrededor de los años ochenta del siglo pasado, la fase exportadora neoliberal en el ámbito rural de América Latina. Dicha fase surgió en el contexto de una división agrícola del trabajo, en la cual los países desarrollados se orientaron a la producción de bienes básicos para la alimentación como los cereales, carne, leche, huevos, entre otros, así como cultivos de exportación de clima templado (Rubio, 2012: 33). Específicamente, las relaciones del mercado global penetran al campo latinoamericano a través de la propagación de las Exportaciones Agrícolas No Tradicionales (EANT). Los campesinos son introducidos en las redes de relaciones de mercado y subsumidos bajo un régimen de producción capitalista que contribuye a socavar aún más lo que queda de la agricultura precapitalista (Robinson, 2015:15). Como parte de este proceso, McMichael indica que la división internacional del trabajo agrícola incide en la transformación parcial de los mercados internos del sur para complementar los suministros de cereales del atlántico norte, y, a través de la descampesinizacion relativa, impulsa una conversión de los cultivos de alimentos básicos a los cultivos comerciales con el fin de proporcionar insumos agroindustriales y alimentos para los consumidores de élite en otros lugares. Esta estructuración ha operado en favor del poder de la clase terrateniente, a expensas de las necesidades de tierra y de medios de vida de los pobres de las zonas rurales y de los sin tierra (McMichael, 2015:113). En el Sur global en particular, la política agraria ha sido reconfigurada para adaptarse al régimen neoliberal de alimentos, exponiendo a los pequeños productores (PP) existentes a las importaciones de alimentos de los centros imperialistas abaratados artificialmente. El dominio del mercado agroalimentario mundial por parte de los países desarrollados trajo consigo que los países del entonces Tercer Mundo perdieran la autosuficiencia alimentaria y se convirtieran en importadores netos de alimentos básicos (Rubio, 2012: 33).