Marejadas Rurales y Luchas por la vida CONSTRUCCIÓN SOCIOCULTURAL y ECONÓMICA del CAMPO | 页面 255
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ÁNGELES TEPOX VIVAR
l
ÁLVARO MARTÍNEZ QUEZADA
La participación de la organización cafeticultora Maya Vinic en el Comercio Justo
un “acto político”. Es decir, esta iniciativa se sustente en la reflexión y crítica
respecto al papel que juegan las prácticas comerciales en el subdesarrollo
y reproducción de la pobreza. Sin embargo, dicha reflexión ha pasado a
segundo plano y, en su lugar, se ha priorizado la venta del producto. Caso
muy específico, y que fue un punto clave de disputa y oposición de una parte
de los iniciadores (tanto productores como grupos de consumidores) del label
Max Havelaar, fue el involucramiento de transnacionales como Nestlé, que,
si bien adquieren una cuota de productos provenientes del Comercio Justo,
no cuestionan y mucho menos erradican sus propias prácticas antiéticas y
depredadoras en el mercado convencional.
Cabe mencionar que precisamente las organizaciones de pequeños
productores aglutinadas en la CLAC, entre ellas la propia UCIRI y otras más
como Majomut, han sido los actores más críticos respecto al involucramiento
de trasnacionales y la pérdida de valores al interior del Comercio Justo. En
particular la CLAC ha reivindicado la necesidad, ante este escenario, de
luchar por espacios que les permitan a los pequeños productores incidir en
los acuerdos del Comercio Justo.
Ahora bien, con relación al tema de la certificación, los compromisos que el
sello adquiere con las organizaciones consisten en garantizar que los productores
reciban precios que cubran los costes medios de producción sostenible, así
como proporcionar un premio social para invertir en proyectos que mejoren
el desarrollo social, económico y medioambiental. Facilitando relaciones
comerciales a largo plazo y permitir que las asociaciones de productores
tomen mayor control sobre el proceso de comercialización (Fairtrade, s/f).
En términos generales, las exigencias de FLO-CERT establecen requisitos
básicos para garantizar que las condiciones de producción y de comercio sean
social, económica y medioambientalmente responsables. Esto se traduce en
una sistemática supervisión de las prácticas éticas y sostenibles, por lo tanto,
existe una inspección que abarca tópicos organizativos como la conducción
democrática de la organización. Así como aspectos productivos como los son el
manejo de plagas, la no utilización de fertilizantes químicos, la sostenibilidad
de agua, entre otros (FLO-CERT, 2011).
El proceso de certificación se traduce en auditorías programadas que validan
la utilización del sello. Pero, la relación entre las organizaciones y el sello
expresa, más que un vínculo de retroalimentación, una relación unidireccional
y vertical en la cual la organización debe de cumplir los requerimientos para
mantenerse en el Comercio Justo (Figura 1).