Marejadas Rurales y Luchas por la vida CONSTRUCCIÓN SOCIOCULTURAL y ECONÓMICA del CAMPO | 页面 255

230 ÁNGELES TEPOX VIVAR l ÁLVARO MARTÍNEZ QUEZADA La participación de la organización cafeticultora Maya Vinic en el Comercio Justo un “acto político”. Es decir, esta iniciativa se sustente en la reflexión y crítica respecto al papel que juegan las prácticas comerciales en el subdesarrollo y reproducción de la pobreza. Sin embargo, dicha reflexión ha pasado a segundo plano y, en su lugar, se ha priorizado la venta del producto. Caso muy específico, y que fue un punto clave de disputa y oposición de una parte de los iniciadores (tanto productores como grupos de consumidores) del label Max Havelaar, fue el involucramiento de transnacionales como Nestlé, que, si bien adquieren una cuota de productos provenientes del Comercio Justo, no cuestionan y mucho menos erradican sus propias prácticas antiéticas y depredadoras en el mercado convencional. Cabe mencionar que precisamente las organizaciones de pequeños productores aglutinadas en la CLAC, entre ellas la propia UCIRI y otras más como Majomut, han sido los actores más críticos respecto al involucramiento de trasnacionales y la pérdida de valores al interior del Comercio Justo. En particular la CLAC ha reivindicado la necesidad, ante este escenario, de luchar por espacios que les permitan a los pequeños productores incidir en los acuerdos del Comercio Justo. Ahora bien, con relación al tema de la certificación, los compromisos que el sello adquiere con las organizaciones consisten en garantizar que los productores reciban precios que cubran los costes medios de producción sostenible, así como proporcionar un premio social para invertir en proyectos que mejoren el desarrollo social, económico y medioambiental. Facilitando relaciones comerciales a largo plazo y permitir que las asociaciones de productores tomen mayor control sobre el proceso de comercialización (Fairtrade, s/f). En términos generales, las exigencias de FLO-CERT establecen requisitos básicos para garantizar que las condiciones de producción y de comercio sean social, económica y medioambientalmente responsables. Esto se traduce en una sistemática supervisión de las prácticas éticas y sostenibles, por lo tanto, existe una inspección que abarca tópicos organizativos como la conducción democrática de la organización. Así como aspectos productivos como los son el manejo de plagas, la no utilización de fertilizantes químicos, la sostenibilidad de agua, entre otros (FLO-CERT, 2011). El proceso de certificación se traduce en auditorías programadas que validan la utilización del sello. Pero, la relación entre las organizaciones y el sello expresa, más que un vínculo de retroalimentación, una relación unidireccional y vertical en la cual la organización debe de cumplir los requerimientos para mantenerse en el Comercio Justo (Figura 1).