Maravilloso desastre Maravilloso Desastre | Page 322

—¡Lo hacía por ti! Tenía m iedo de perderte si no fingía que m e pa- recía bien que fuéram os solo am igos. ¿Podríam os haber estado j untos todo este tiem po? ¿Qué coj ones estás diciendo, Palom a? —Eh… No pude discutir; tenía razón. Había hecho que los dos sufriéram os y no tenía excusa. —Lo siento. —¿Lo sientes? ¡Maldita sea! Casi m e m ato bebiendo, apenas podía salir de la cama,rompímiteléfonoenunmillóndetrozos enNocheviejapara evitar llam arte… ¿Y dices que losientes? Me m ordí el labio y asentí, avergonzada. No tenía ni idea de por todo lo que había pasado, y oírle decir esas palabras m e provocó un dolor agudo en el pecho. —Lo siento… Lo siento m uchísim o. —Te perdono —dij o él con una sonrisa—. No vuelvas a hacerlo nun- ca m ás. —No lo haré. Lo prom eto. Se le m arcó brevem ente el hoy uelo y sacudió la cabeza. —Maldita sea, te am o.