presión de que estábam os en una cita, al m argen de lo que me hubiera
dicho.
Se aclaró la garganta.
—Lo siento. Creo que he m onopolizado bastante la conversación.
—Dio unos golpecitos a su botella y sacudió la cabeza—. Es que no
había hablado contigo en tanto tiem po que suponía que tenía m ucho
que contar.
—Está bien. Ha pasado m ucho tiem po.
Justo entonces, sonó la cam panilla de la puerta. Me volví y vi a Travis
y a Shepley entrar en el local. Travis tardó m enos de un segundo en verm
e, pero no pareció sorprendido.
—Oh, cielos —m urm uré.
—¿Qué pasa? —preguntó Parker antes de darse la vuelta y ver que
se sentaban a una m esa al otro lado dellocal.
—Hay un sitio de ham burguesas calle abaj o al que podem os ir —dij
o Parker en voz baj a.
Antes estaba nervioso, pero en ese m om ento su inquietud había al-
canzado un nivel totalm ente nuevo.
—Creo que en este m om ento sería m ás raro que nos fuéram os —m
ascullé. Puso cara de disgusto, derrotado.
—Probablem ente tengas razón.
Intentam os seguir con nuestra conversación, pero resultaba evidente
que era forzada e incóm oda. La cam arera estuvo un buen rato en la m
esa de Travis, pasándose los dedos por el pelo y cam biando el peso de su
cuerpo de un pie a otro. Finalm ente, se acordó de tom arnos nota de lo
que queríam os com er cuando Travis respondió a su móvil.
—Tom aré los tortellini —dij o Parker, m irándom e.
—Y y o… —Alargué la últim a palabra, distraída porque Travis y
Shepley se habían levantado.
Travis siguió a Shepley a la puerta, pero vaciló, se detuvo y se dio m
edia vuelta. Cuando vio que lo m iraba, vino directam ente hacia nuestra
m esa. La cam arera esbozó una sonrisa de esperanza, com o si crey era
que iba a despedirse. Sus ilusiones se frustraron rápidam ente cuando
Travis se puso a m i lado sin apenas parpadear en sudirección.
—Tengo una pelea dentro de cuarenta y cinco m inutos, Palom a.
Quiero que vengas.