Maravilloso desastre Maravilloso Desastre | Page 292

unas cuantas personas para que se apartaran. Shepley m e cogió la m ano antes de que pudiera llegar a la pista debaile. —¡No se lo digas! —dij o él, intentando ocultar su sonrisa. —¿Qué dem onios te crees que estás haciendo, Shep? Él se encogió de hom bros, aún orgulloso de sí m ism o. —La am o. No puedo perm itir que otros tíos bailen con ella. —¿Y esa es tu excusa para espantar al chico que estaba bailando conm igo? — dij e, cruzándom e de brazos. —No he sido y o —replicó Shepley, echando una rápida m irada a Travis. —Lo siento, Abby. Solo nos estábam os divirtiendo. —Pues no tiene ninguna gracia. —¿Qué es lo que no tiene ninguna gracia? —dij o Am erica, fulm inando a Shepley con la m irada. Él tragó saliva y m e lanzó una m irada de súplica. Le debía una, así que m antuve la bocacerrada. Shep lanzó un suspiro de alivio cuando se dio cuenta de que no iba a delatarlo, y m iró a Am erica con dulceadoración. —¿Quieres bailar? —No, no quiero bailar —dij o ella, volviendo hacia la m esa. La si- guió y nos dej ó a Travis y a m í solos, de pie. Travis se encogió de hom bros. —¿Quieres bailar? —¿Y eso? ¿Megan no está aquí? —Él sacudió la cabeza. —Solías ser m uy dulce cuando estabas borracha. —Pues m e alegra decepcionarte —dij e, volviéndom e hacia el bar. Me siguió y echó a dos tipos de sus asientos. Lo fulm iné con la m irada, pero él m e ignoró, se sentó y se quedó observándom e expectante. —¿No te sientas? Te invito a una cerveza. —Pensaba que no pagabas las copas a ninguna chica en los bares. Me hizo un gesto con la cabeza, im paciente. —Estás diferente. —Sí, no dej as de decirlo. —Vam os, Palom a. ¿Dónde quedó eso de que fuéram os am igos? —No podem os ser am igos, Travis. Está claro. —¿Por qué no?