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y vivir contigo al mismo tiempo. ¡Resulta horrible!
—Pues deja de quedar con Parker.
Lo miré airadamente.
—Ese no es el problema y tú lo sabes.
—¿Es la única razón por la que quieres que te libere de la apuesta? ¿Por el
qué dirán?
—Por lo menos antes era tonta y tú, un malvado —refunfuñé.
—Contesta la pregunta, Paloma.
—¡Sí!
Travis miró por encima de mí a los estudiantes que entraban y salían de la
cafetería. Estaba deliberando y yo hervía de impaciencia mientras a él le costaba
bastante tomar una decisión.
Finalmente, se estiró y decidió.
—No.
Agité la cabeza, segura de haberlo oído mal.
—Perdona, ¿qué has dicho?
—No. Tú misma lo dijiste: una apuesta es una apuesta. En cuanto pase el
mes se acabó, podrás ser libre de ir con Parker, él se hará médico, os casaréis y
tendréis los dos niños y medio que tocan y nunca volveré a verte. —Gesticulaba
con sus palabras—. Todavía tengo tres semanas. No voy a renunciar por cotilleos
de comedor.
Miré a través del cristal y vi a toda la cafetería mirándonos. La inoportuna
atención hacía que me quemasen los ojos. Levanté los hombros al pasar junto a él
para ir a mi siguiente clase.
—Paloma —me llamó Travis cuando me iba.
No me volví.
Esa noche, America se sentó sobre el suelo embaldosado del baño
parloteando sobre los chicos mientras yo estaba frente al espejo y me recogía el
pelo en una coleta. Solo la escuchaba a medias, pues no dejaba de pensar en lo
paciente que había sido Travis, teniendo en cuenta lo mucho que le disgustaba la
idea de que Parker me recogiera de su apartamento casi cada noche.
La expresión de la cara de Travis cuando le pedí que me liberara de la
apuesta volvía a mi cabeza, y también su reacción cuando le dije que la gente
chismorreaba que estaba enamorado de mí. No podía dejar de preguntarme por
qué no lo negaba.
—Bueno, Shep cree que estás siendo muy dura con él. Nunca ha tenido a
nadie que le hubiera preocupado lo suficiente para ello.
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