MARAVILLOSO DESASTRE maravilloso_desastre | Page 65

www.lecturaycinecr.blogspot.com He traído espaguetis, tortitas, fresas y esa cosa de avena con los trozos de chocolate; y le gustan los cereales Fruity Pebbles, ¿verdad, Mare? —preguntó él, mientras se daba la vuelta. Cuando me vio, se quedó helado. Después de una pausa incómoda, su expresión se relajó y su voz sonó tranquila y dulce. —Hola, Paloma. Si me hubiera despertado en un país extranjero, no me habría sentido más confusa. Nada de aquello tenía sentido. Primero había pensado que me habían echado, y después Travis aparece con bolsas llenas de mi comida favorita. Dio unos pasos hacia el comedor, metiéndose nervioso las manos en los bolsillos. —¿Tienes hambre, Paloma? Te prepararé unas tortitas. Ah, y también hay avena. Y te he comprado esa espuma rosa con la que se depilan las chicas, y un secador y…, y… espera un segundo, está aquí —dijo, corriendo al dormitorio. Se abrió la puerta, se cerró y entonces apareció por la esquina, pálido. Respiró hondo y levantó las cejas. —Todas tus cosas están recogidas. —Lo sé —dije. —Te vas —admitió, derrotado. Miré a America, que estaba fulminando a Travis, como si pudiera matarlo con la mirada. —¿De verdad esperabas que se quedara? —Nena… —susurró Shepley. —Joder, Shepley, no empieces. Y ni se te ocurra defenderlo —sentenció America, furiosa. Travis parecía desesperado. —Lo siento muchísimo, Paloma. Ni siquiera sé qué decir. —Abby, vámonos —dijo America. Se levantó y me tiró del brazo. Travis dio un paso hacia delante, pero America lo apuntó con un dedo amenazante. —¡Por Dios santo, Travis! ¡Como intentes detenerla, te rociaré con gasolina y te prenderé fuego mientras duermes! —America —la interrumpió Shepley, que parecía también un poco desesperado. Vi con claridad que se debatía entre apoyar a su primo o a la mujer a la que amaba, y me sentí fatal por él. Se encontraba en la situación exacta que había intentado evitar desde el principio. —Estoy bien —dije, exasperada por la tensión del cuarto. —¿Qué quieres decir con que estás bien? —preguntó Shepley, casi 65