MARAVILLOSO DESASTRE maravilloso_desastre | Page 64

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relajarme. Travis era Travis, y nosotros, sin lugar a dudas, éramos amigos y solo eso.
Los gritos y otros ruidos nauseabundos cesaron después de una hora, seguidos por el gimoteo y las quejas de las mujeres a las que estaban despidiendo. Travis se duchó y se tiró en su lado de la cama, de espaldas a mí. Incluso después de la ducha, olía como si hubiera bebido whisky suficiente para sedar a un caballo, y me quedé de piedra al pensar que había conducido la moto hasta casa en semejante estado.
Después de que la incomodidad desapareciera, se despertó la ira, y seguí sin poder conciliar el sueño. Cuando la respiración de Travis se volvió profunda y regular, me senté para mirar el reloj. El sol empezaría a salir en menos de una hora. Me desembaracé de las sábanas, salí de la habitación y saqué una manta del armario del pasillo. Las únicas pruebas que quedaban del trío de Travis eran dos paquetes de condones en el suelo. Los pisé y me dejé caer en el sillón.
Cerré los ojos. Cuando volví a abrirlos de nuevo, America y Shepley estaban sentados en silencio en el sofá viendo la televisión sin sonido. El sol iluminaba el apartamento, y me encogí cuando mi espalda se quejó al menor intento de moverme. America centró su atención en mí.—¿ Abby?— dijo ella, corriendo junto a mí. Me dedicó una mirada cautelosa. Esperaba que reaccionara con ira, lágrimas o cualquier otro estallido emocional. Shepley parecía hecho polvo.— Siento lo de anoche, Abby. Todo esto es culpa mía. Sonreí.— Tranquilo, Shep. No tienes de qué disculparte. America y Shepley intercambiaron unas miradas, y después ella me cogió la mano.— Travis se ha ido a la tienda. Está …, bueno, da igual dónde está. He recogido tus cosas y te llevaré a la residencia antes de que vuelva a casa para que no tengas que verlo.
Hasta ese momento, no sentí ganas de llorar. Me habían echado. Me esforcé para hablar con voz calmada:—¿ Tengo tiempo para darme una ducha? America negó con la cabeza.— Vámonos ya, Abby. No quiero que tengas que verlo. No merece que … La puerta se abrió de par en par, y Travis entró, con los brazos cargados de bolsas de comida. Fue directamente a la cocina y empezó a guardar las latas y cajas en los armarios a toda prisa.
— Cuando Paloma se despierte, decídmelo, ¿ vale?— dijo con voz suave—.
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