MARAVILLOSO DESASTRE maravilloso_desastre | Page 53

www.lecturaycinecr.blogspot.com Me incliné hacia atrás para levantar la mirada hacia él. —Puedo soportar tus rabietas. Escrutó mi cara durante unos momentos, antes de que una ligera sonrisa se extendiera en sus labios. —No sé por qué me aguantas, y no sé qué haría yo si no lo hicieras. Podía oler la mezcla de cigarrillos y menta de su aliento, y le miré los labios; mi cuerpo reaccionó ante lo cerca que estábamos. La expresión de Travis cambió y su respiración se entrecortó: él también lo había notado. Se inclinó hacia delante una distancia infinitesimal, pero ambos dimos un respingo cuando su móvil sonó. Soltó un suspiro y lo sacó de su bolsillo. —Sí, ¿Hoffman? Jesús…, está bien. Serán mil dólares fáciles. ¿Jefferson? —Me miró y pestañeó—. Allí estaré. —Colgó y me cogió de la mano—. Ven conmigo. —Me llevó de vuelta al vestíbulo—. Era Adam —dijo a Shepley—. Brady Hoffman estará en Jefferson dentro de noventa minutos. Shepley asintió, se levantó y sacó el móvil del bolsillo. Rápidamente tecleó la información y envió invitaciones mediante SMS exclusivos a quienes conocían el Círculo. Esos miembros, que rondaban los diez, escribirían a los diez nombres de su lista, y así seguiría la cadena hasta que todos los miembros supieran dónde iba a celebrarse la pelea. —Muy bien —dijo America, sonriendo—. ¡Será mejor que nos preparemos! El ambiente del apartamento era tenso y optimista al mismo tiempo. Travis parecía el menos afectado, mientras se calzaba las botas y una camiseta sin mangas blanca, como si se dispusiera a dar un paseo. America me guio por el vestíbulo hasta el dormitorio de Travis y frunció el ceño. —Tienes que cambiarte, Abby. No puedes ir así vestida a la pelea. —¡Llevé una puñetera chaqueta de punto la última vez y no dijiste nada! —protesté. —La última vez no pensaba en serio que fueras a ir. Toma —dijo, mientras me lanzaba unas cuantas prendas de ropa—. Ponte esto. —¡No pienso ponerme eso! —¡Vamos! —gritó Shepley desde la sala de estar. —¡Date prisa! —me apresuró America, corriendo hacia la habitación de Shepley. Me puse el top amarillo atado al cuello, sin espalda, y los tejanos de talle bajo que America me había lanzado, después me calcé un par de zapatos de tacón, y me pasé un cepillo por el pelo mientras bajaba al vestíbulo. America salió de su habitación con un vestido corto verde y unos zapatos de tacón a juego, y, cuando 53