MARAVILLOSO DESASTRE maravilloso_desastre | Page 52

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apoyando la cabeza en el brazo. Travis se encontraba bien por la mañana. Con todo el tiempo que habíamos estado juntos, no podía creer que me hubiera pasado desapercibido que algo lo hubiera molestado. No solo eso, me incomodaba que America pareciera saber qué ocurría y yo no.
Sentí que mi respiración se relajaba y que me pesaban los párpados; no tardé mucho en dormirme. Cuando volví a abrir los ojos, el cielo nocturno había oscurecido la ventana. Unas voces amortiguadas se colaban por el vestíbulo desde la sala de estar, incluida la más profunda de Travis. Fui sigilosamente hasta el vestíbulo y entonces me quedé helada al oír mi nombre.— Abby lo entiende, Trav. No te tortures— dijo Shepley.— Ya vais juntos a la fiesta de citas. ¿ Qué hay de malo en pedirle que salga contigo?— preguntó America. Me puse tensa, a la espera de su respuesta.— No quiero salir con ella. Solo quiero estar con ella. Es una chica … diferente.—¿ Diferente en qué sentido?— preguntó America, con un tono ligeramente irritado.— No aguanta mis gilipolleces, es refrescante. Tú misma lo dijiste, Mare. No soy su tipo. Lo que hay entre nosotros … simplemente es diferente.— Estás más cerca de ser su tipo de lo que tú te crees— dijo America. Me eché hacia atrás tan silenciosamente como pude, y cuando los tablones de madera crujieron bajo mis pies desnudos me estiré para cerrar la puerta del dormitorio de Travis y bajé por el vestíbulo.— Hola, Abby— dijo America con una sonrisa—. ¿ Qué tal tu siesta?— Me he quedado inconsciente durante cinco horas. Ha sido más un coma que una siesta.
Travis se quedó mirándome fijamente durante un momento y, cuando le sonreí, vino directamente hacia mí, me cogió la mano y me arrastró por el vestíbulo hasta su dormitorio. Cerró la puerta, y sentí que el corazón me daba un vuelco en el pecho, preparándome para que dijera algo que aplastara mi ego. Levantó las cejas.— Lo siento mucho, Paloma. Antes me comporté contigo como un gilipollas. Me relajé un poquito al ver remordimiento en su mirada.— No sabía que estuvieras enfadado conmigo.— Y no lo estaba. Simplemente tengo la mala costumbre de arremeter contra la gente que me importa. Sé que es una excusa penosa, pero lo siento— dijo él, mientras me envolvía en sus brazos. Apoyé la mejilla en su pecho, acomodándome.—¿ Y por qué estabas enfadado?— No importa. Lo único que me preocupa eres tú.
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