MARAVILLOSO DESASTRE maravilloso_desastre | Page 305

www.lecturaycinecr.blogspot.com —No pasa nada, cariño. Vuelve a estar en tu dedo —dije, riéndome de su reacción desproporcionada. Me besó la frente y me acercó a su lado mientras caminábamos por la terminal. Cuando vi la mirada de quienes pasaban a nuestro lado, me pregunté si saltaba a la vista que estábamos recién casados, o si simplemente se habían fijado en la ridícula sonrisa de Travis, que contrastaba con la cabeza afeitada, los brazos tatuados y los músculos protuberantes. El aeropuerto estaba lleno de turistas emocionados, del tintineo y los pitidos de las máquinas tragaperras y de gente que caminaba en todas las direcciones. Sonreí al ver a una pareja joven cogida de la mano: parecían tan emocionados como Travis y yo cuando habíamos llegado. No dudaba de que se marcharían sintiendo la misma mezcla de alivio y aturdimiento que me embargaba en ese momento. En la terminal, repasé una revista y toqué la rodilla de Travis con delicadeza. Detuvo el movimiento de la pierna y sonreí, sin levantar la mirada de las fotos de los famosos. Algo le preocupaba, pero esperaba que me lo dijera, sabiendo que lo estaba resolviendo internamente. Después de unos minutos, volvió a balancear la rodilla, pero en esta ocasión dejó de hacerlo solo, y entonces, lentamente, se dejó caer en la silla. —¿Paloma? —¿Sí? Pasaron unos minutos de silencio y, entonces, suspiró. —Nada. El tiempo pasó muy rápido y parecía que acabábamos de sentarnos cuando anunciaron que los pasajeros de nuestro vuelo podían embarcar. Se formó rápidamente una cola, nos levantamos y esperamos a que llegara nuestro turno de enseñar los billetes y cruzar el largo pasillo hasta el avión que nos llevaría a casa. Travis dudó. —Es que no puedo librarme de una sensación —dijo en voz baja. —¿Qué quieres decir? ¿Tienes una mala sensación? —pregunté, repentinamente nerviosa. Se volvió hacia mí con mirada de preocupación. —Es de locos, pero tengo la sensación de que, cuando lleguemos a casa, me despertaré. Como si nada de esto fuera real. Lo abracé por la cintura y le acaricié los músculos de la espalda. —¿Eso es lo que te preocupa? Se miró la muñeca y luego la gruesa alianza que llevaba en el dedo izquierdo. —No puedo evitar tener la impresión de que la burbuja va a estallar y de que me despertaré tumbado solo en la cama, deseando que estés allí conmigo. 305