MARAVILLOSO DESASTRE maravilloso_desastre | Seite 276
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Capítulo 21
Humo
LAS semanas pasaron, y me sorprendí de lo rápidamente que las vacaciones
de primavera se nos echaron encima. El esperado torrente de cotilleo y miradas
había desaparecido, y la vida había regresado a la normalidad. Los sótanos de
Eastern no habían albergado una pelea desde hacía unas semanas. Adam se
esforzó por pasar desapercibido después de los arrestos que habían provocado
preguntas sobre lo que había ocurrido exactamente esa noche, y Travis cada vez
estaba más irritable mientras esperaba su última pelea del año, la pelea que
pagaría la mayoría de sus facturas del verano y las de buena parte del otoño.
Todavía había una capa gruesa de nieve en el suelo, y el viernes anterior a
las vacaciones una última pelea de bolas de nieve se desencadenó en el césped
cristalino. Travis y yo caminábamos en zigzag por el hielo resbaladizo de camino a
la cafetería, y me sujetaba con fuerza a su brazo, intentando evitar tanto las bolas
de nieve como caerme al suelo.
—No te van a dar, Paloma. Son más listos que eso —dijo Travis, apretando
la nariz roja y fría contra mi mejilla.
—Su puntería no es sinónimo del miedo a tu mal genio, Trav.
Me abrazó y frotó la manga de mi abrigo con su mano mientras me guiaba
por el caos. Tuvimos que detenernos de golpe cuando un puñado de chicas
gritaron al convertirse en el objetivo de los lanzamientos sin piedad del equipo de
béisbol. Cuando despejaron el camino, Travis me llevó a salvo a la puerta.
—¿Lo ves? Te aseguré que lo lograríamos —dijo con una sonrisa.
Su buen humor se desvaneció cuando una firme bola de nieve estalló contra
la puerta, justo entre nuestras caras. La mirada de Travis escrutó el césped, pero los
numerosos estudiantes que lanzaban en todas las direcciones sofocaron sus ansias
por tomar represalias.
Tiró de la puerta para abrirla y observó la nieve que se fundía mientras caía
por el metal pintado hasta el suelo.
—Vamos adentro.
—Buena idea —dije asintiendo.
Me llevó de la mano por el bufé libre y amontonó diferentes platos
humeantes en una sola bandeja. La cajera ya no ponía su predecible cara de
perplejidad de semanas antes, acostumbrada a nuestra rutina.
—Hola, Abby —me saludó Brazil antes de guiñarle un ojo a Travis—.
¿Tenéis planes para la semana que viene?
—Nos quedamos aquí. Vendrán mis hermanos —dijo Travis distraído,
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