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sonoro golpe de su cráneo contra el parabrisas; inmediatamente, Travis lo empujó
delante del coche y rompió un faro con la cara de Ethan. Travis lo lanzó sobre el
capó y aplastó su cara contra el metal mientras gritaba obscenidades.
—Mierda —dijo Shepley. Me volví y vi el resplandor azul y rojo de las luces
de un coche de policía que se acercaba rápidamente. Montones de personas
saltaron desde la plataforma, creando una cascada humana desde la salida de
incendios, y ráfagas de estudiantes salieron corriendo en todas las direcciones.
—¡Travis! —grité.
Travis dejó el cuerpo inerte de Ethan sobre el capó del coche y corrió hacia
nosotros. Shepley me llevó hasta el aparcamiento y abrió a toda velocidad la
puerta de su coche. Salté al asiento trasero y esperé angustiada a que ambos
entraran. Muchos coches salieron rápidamente de donde estaban aparcados en
dirección a la carretera, pero se detuvieron chirriando cuando un segundo coche
de policía bloqueó el camino.
Travis y Shepley saltaron a sus asientos, y Shepley lanzó una maldición
cuando vio que los coches atrapados volvían marcha atrás desde la única salida.
Arrancó el coche, y el Charger botó cuando saltó por encima de la cuneta. Pasó
sobre el césped y salió volando entre dos edificios, hasta que volvió a rebotar
cuando cogimos la calle que estaba detrás de la universidad.
Los neumáticos chirriaron y el motor rugió cuando Shepley pisó el
acelerador. Me deslicé por el asiento hasta darme contra el interior de la carrocería
del vehículo cuando giramos y me golpeé el codo que ya tenía magullado. Las
luces de la calle entraban por la ventanilla mientras corríamos hacia el
apartamento, pero parecía que había pasado cerca de una hora cuando finalmente
nos detuvimos en el aparcamiento.
Shepley aparcó el Charger y apagó el motor. Los chicos abrieron sus puertas
en silencio, y Travis pasó al asiento de atrás para cogerme en brazos.
—¿Qué ha ocurrido? Joder, Trav, ¿qué te ha pasado en la cara? —dijo
America corriendo escaleras abajo.
—Te lo contaré dentro —dijo Shepley, guiándola hacia la puerta.
Conmigo en brazos, Travis subió las escaleras, cruzó el salón y el pasillo sin
decir una palabra, hasta que me dejó en su cama. Toto me daba pataditas en las
piernas y saltaba sobre la cama para lamerme la cara.
—Ahora no, pequeño —dijo Travis en voz baja, mientras se llevaba al
cachorro al pasillo y cerraba la puerta.
Se arrodilló delante de mí y tocó los bordes deshilachados de mi manga. Su
ojo estaba en la fase inicial de un hematoma, rojo e hinchado. La piel irritada de
encima estaba rasgada y bañada en sangre. Tenía los labios manchados de
escarlata y desgarros en la piel de algunos nudillos. La camiseta que antes había
sido blanca estaba ahora manchada de una combinación de sangre, hierba y barro.
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