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—¿America? ¡America! —le gritó Shepley mientras ella se dirigía a toda
velocidad hacia la carretera, dejándolo atrás. Suspiré.
—Mare, no puedes romper con él por esto. Tiene razón.
America puso la mano sobre la mía y me la apretó.
—No, en absoluto. Nada de lo que acaba de pasar ha estado bien.
Cuando llegamos al aparcamiento de Morgan, el teléfono de America sonó.
Puso los ojos en blanco y respondió.
—No quiero que vuelvas a llamarme nunca más. Lo digo en serio, Shep
—dijo ella—. No, no puedes…, porque no quiero, simplemente. No puedes
defender lo que ha hecho: no puedes defender que haya herido así a Abby y estar
conmigo… ¡Eso es exactamente lo que quiero decir, Shepley! ¡Da igual! ¿Acaso has
visto a Abby intentando tirarse al primer chico con el que se cruza! No es Travis,
Shepley, ese es el problema. ¡No te ha pedido que lo defiendas! Uf… No pienso
hablar más de esto. No vuelvas a llamarme. Adiós.
Salió a toda prisa del coche, cruzó la calle y subió furiosa l