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—Abby Abernathy, esperamos impacientes la cena de mañana. Ha pasado
mucho tiempo desde que…, bueno, ha pasado mucho tiempo.
Asentí y seguí a Travis al interior de la casa. Jim se puso las manos sobre su
prominente barriga y se rio.
—Os he puesto en la habitación de invitados, Trav. Supongo que no te
apetecerá demasiado pelearte con los gemelos en tu habitación.
Miré a Travis. Era doloroso ver sus dificultades para expresarse.
—Abby…, bueno…, se…, se quedará en la habitación de invitados, y yo me
iré a la mía.
Trenton puso una cara rara.
—¿Por qué? ¿No ha estado quedándose en tu apartamento?
—Últimamente no —precisó, en un intento desesperado por evitar decir la
verdad.
Jim y Trenton intercambiaron una mirada.
—Llevamos años usando la habitación de Thomas como trastero, así que iba
a dejarlo quedarse con tu habitación, pero supongo que puede dormir en el sofá
—dijo Jim, echando un vistazo a los cojines desgastados y descoloridos del salón.
—No te preocupes, Jim. Solo intentábamos ser respetuosos —le dije,
acariciándole el brazo.
Sus carcajadas resonaron por toda la casa, y me dio unas palmaditas en la
mano.
—Ya has conocido a mis hijos, Abby. Deberías saber que es casi imposible
ofenderme.
Travis señaló las escaleras con la cabeza y lo seguí. Abrió una puerta y dejó
nuestras bolsas en el suelo, mientras miraba la cama y luego a mí.
La habitación estaba forrada con paneles marrones, y la moqueta marrón
estaba más desgastada de lo aconsejable. Las paredes eran de un blanco sucio, y
había algunos desconchones. Solo vi un cuadro en la pared: era una foto
enmarcada de Jim y la madre de Travis. El fondo era del color azul habitual en los
retratos de estudio; los dos llevaban el pelo cortado a capas, eran jóvenes y
sonreían a la cámara. Debían de habérsela hecho antes de que nacieran sus hijos,
porque ninguno de los dos parecía tener más de veinte años.
—Lo siento, Paloma. Dormiré en el suelo.
—Eso por descontado —dije, mientras me recogía el pelo en una cola de
caballo—. No puedo creer que me convencieras para hacer esto.
Se sentó en la cama y se frotó la cara frustrado.
—Joder… Esto va a ser un lío. No sé en qué pensaba.
—Sé exactamente en qué estabas pensando. No soy ninguna estúpida,
Travis.
Me miró y sonrió.
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