MARAVILLOSO DESASTRE maravilloso_desastre | Page 203

www.lecturaycinecr.blogspot.com entre el portero y yo. Seguimos a Benny hasta el interior de un ascensor, subimos cuatro pisos en silencio y, entonces, las puertas se abrieron. Había un gran escritorio de caoba en el centro de una amplia habitación. Benny fue cojeando hasta su lujoso sillón y se sentó, mientras nos hacía un gesto para que ocupáramos los dos asientos vacíos que había delante de su mesa. Cuando me acomodé, sentí el frío cuero debajo de mí y me pregunté cuántas personas se habrían sentado en esa misma silla momentos antes de su muerte. Alargué el brazo para coger a Travis de la mano y él me la estrechó para tranquilizarme. —Mick me debe veinticinco mil. Confío en que tengas todo el dinero —dijo Benny, garabateando algo en un bloc. —De hecho… —Hice una pausa para aclararme la garganta—. Me faltan cinco mil, Benny. Pero tengo todo el día de mañana para conseguirlos. Y cinco mil no son un problema, ¿verdad? Sabes que soy lo bastante buena para conseguirlos. —Abigail —dijo Benny frunciendo el ceño—, me decepcionas. Sabes muy bien cuáles son mis reglas. —Por… por favor, Benny. Te pido que aceptes los diecinueve mil. Tendré el resto mañana. Los ojos redondos y brillantes de Benny se clavaron primero en mí y luego en Travis, antes de volver de nuevo a mí. Entonces me di cuenta de que dos hombres habían aparecido desde las oscuras esquinas de la habitación. Travis me cogió con más fuerza la mano y yo aguanté la respiración. —Sabes que solo acepto la cantidad completa. ¿Sabes qué me dice el hecho de que intentes darme algo menos del total? Que no estás segura de poder conseguir toda la cantidad. Los hombres de las esquinas dieron un paso hacia delante. —Puedo conseguirte el dinero, Benny —dije, sonriendo nerviosa—. He ganado ochocientos noventa dólares en seis horas. —Así que me estás diciendo que me entregarás otros ochocientos noventa dentro de seis horas. —Benny sonrió malévolo. —La fecha límite es mañana a medianoche —dijo Travis, mirando detrás de nosotros y después observando cómo se acercaban los hombres que habían salido de entre las sombras. —¿Qué…, qué haces, Benny? —pregunté, poniéndome rígida. —Mick me ha llamado esta noche. Me ha dicho que tú te haces cargo de su deuda. —Estoy haciéndole un favor. No te debo ningún dinero —dije duramente, movida por mi instinto de supervivencia. Benny apoyó sus dos gruesos codos en el escritorio. —Estoy considerando darle una lección a Mick, y tengo curiosidad por 203