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tiempo hasta entonces.
Me tocó la mejilla con la palma de su mano.
—Podemos hacer una cosa…, si cenas conmigo mañana, te daré hasta
medianoche.
Miré a America y después a Jesse.
—He venido con alguien.
Él se encogió de hombros.
—Lo tomas o lo dejas, Abby. Sabes cómo funcionan las cosas aquí. Nadie da
nada por nada.
Suspiré, derrotada.
—Está bien. Nos vemos mañana por la noche en Ferraro’s si me dejas
quedarme hasta medianoche.
Se agachó y me besó en la mejilla.
—Me alegro de volver a verte. Hasta mañana… a las cinco en punto, ¿vale?
Entro en el casino a las ocho.
Sonreí mientras se alejaba, pero rápidamente mi gesto cambió cuando vi a
Travis mirándome desde la mesa de la ruleta.
—Mierda —dijo America, cogiéndome del brazo.
Travis fulminó a Jesse con la mirada mientras pasaba a su lado, y entonces
vino hacia mí. Con las manos en los bolsillo, echó una ojeada a Jesse, que nos
miraba de soslayo.
—¿Quién era ese?
Asentí hacia donde estaba Jesse.
—Es Jesse Viveros. Lo conozco desde hace mucho.
—¿Cuánto?
Me volví para mirar hacia la mesa de veteranos.
—Travis, no tengo tiempo para esto.
—Supongo que descartó la idea de ser joven ministro —dijo America,
mirando con una sonrisa coqueta a Jesse.
—¿Ese es tu exnovio? —preguntó Travis, inmediatamente enfadado—. ¿No
me habías dicho que era de Kansas?
Lancé a America una mirada de impaciencia y, luego, cogí a Travis por el
mentón, insistiendo en que me dedicara toda su atención.
—Sabe que no tengo la edad suficiente para estar aquí, Trav. Me ha dado
hasta medianoche. Te lo explicaré todo después, pero ahora mismo tengo que
volver a jugar, ¿vale?
A Travis se le movieron las mandíbulas bajo la piel, pero cerró los ojos y
respiró hondo.
—Está bien, nos vemos a medianoche. —Se inclinó para besarme, pero sus
labios estaban fríos y distantes—. Buena suerte.
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