MARAVILLOSO DESASTRE maravilloso_desastre | Page 169

www.lecturaycinecr.blogspot.com Enarqué una ceja. —Esa ha sido la conversación más rara que he oído jamás. —Era Trent. Thomas está en la ciudad y han organizado una noche de póquer en casa de mi padre. —¿Noche de póquer? —Tragué saliva. —Sí, normalmente se quedan con todo mi dinero. Son unos cabrones tramposos. —¿Voy a conocer a tu familia dentro de media hora? —Dentro de veintisiete minutos, para ser exactos. —¡Oh, Dios mío, Travis! —aullé, saltando de la cama. —¿Qué haces? —dijo con un suspiro. Rebusqué en el armario y saqué un par de pantalones vaqueros; me los puse dando saltitos, y después me quité el camisón por la cabeza y se lo tiré a Travis a la cara. —¡No puedo creer que me avises de que voy a conocer a tu familia con veinte minutos de antelación! ¡Podría matarte ahora mismo! Se quitó el camisón de los ojos y se rio ante mi intento desesperado por estar presentable. Cogí una camiseta negra de cuello en pico y me la puse bien, después corrí al baño, me lavé los dientes y me pasé el cepillo por el pelo. Travis apareció detrás de mí, completamente vestido y preparado, y me rodeó con sus brazos por la cintura. —¡Estoy hecha un asco! —dije, con el gesto torcido delante del espejo. —¿No te das cuenta de lo guapa que estás? —me preguntó él, besándome en el cuello. Resoplé y fui corriendo a su habitación para ponerme un par de zapatos de tacón y después cogí a Travis de la mano, mientras me llevaba hasta la puerta. Me detuve, me subí la cremallera de la chaqueta negra de cuero y me recogí el pelo en un moño apretado, preparándome para el agitado trayecto hasta la casa de su padre. —Cálmate, Paloma. Solo seremos un grupo de tíos sentados alrededor de una mesa. —Es la primera vez que voy a ver a tu padre y a tus hermanos…, y todo a la vez… ¿Y quieres que me calme? —dije, subiéndome a la moto tras él. Giró el cuello, me tocó la mejilla y me besó. —Los vas a enamorar, igual que a mí. Cuando llegamos, me solté el pelo y lo peiné con los dedos unas cuantas veces antes de que Travis me hiciera cruzar la puerta. —¡Vaya, vaya! ¡Pero si es el caraculo! —gritó uno de los chicos. Travis asintió una vez. Intentó poner cara de enfado, pero podía notar que estaba emocionado de ver a sus hermanos. La casa era antañona, empapelada de 169