www.lecturaycinecr.blogspot.com
apoyó contra ella.
—No te vayas, Paloma. Sé que me he pasado.
Levanté la mano y mostré los restos de sangre seca en la palma.
—Avísame cuando madures.
Se apoyó en la puerta con la cadera.
—No puedes irte.
Levanté una ceja, y Shepley corrió rodeando el coche tras nosotras.
—Travis, estás borracho. Estás a punto de cometer un enorme error. Deja
que se vaya a casa, relájate… Podéis hablar mañana cuando estés sobrio.
La expresión de Travis se volvió desesperada.
—No puede irse —dijo él, mirándome fijamente a los ojos.
—Esto no va a funcionar, Travis —dije tirando de la puerta—. ¡Apártate!
—¿Qué quieres decir con que no va a funcionar? —preguntó Travis,
cogiéndome del brazo.
—Me refiero a tu cara de tristeza. No voy a picar —dije soltándome.
Shepley observó a Travis durante un momento y, entonces, se volvió hacia
mí.
—Abby…, este es el momento del que hablaba. Quizá deberías…
—No te metas, Shep —le espetó America, mientras ponía el coche en
marcha.
—Voy a hacer una gilipollez. Voy a hacer muchas gilipolleces, Paloma, pero
tienes que perdonarme.
—¡Mañana tendré un enorme moratón en el culo! Pegaste a ese chico porque
estabas cabreado conmigo. ¿Qué quieres que piense? ¡Porque ahora mismo veo
banderas rojas por todas partes!
—Nunca he pegado a una chica en mi vida —dijo él, sorprendido por mis
palabras.
—¡Y no estoy dispuesta a ser la primera! —añadí, tirando de la puerta—.
¡Apártate, joder!
Travis asintió y después dio un paso atrás. Me senté al lado de America y
cerré de un golpe la puerta. Echó marcha atrás, y Travis se inclinó a mirarme a por
la ventanilla.
—¿Me llamarás mañana, verdad? —suplicó, con la mano en el parabrisas.
—Vámonos ya, Mare —dije, negándome a mirarlo a los ojos.
La noche fue larga. No dejé de mirar el reloj, y me sentía mal cada vez que
veía que había pasado otra hora. No podía dejar de pensar en Travis y en si lo
llamaría o no, preguntándome si él también estaría despierto. Finalmente, como
último recurso, me puse los auriculares del iPod en los oídos y escuché todas las
canciones repugnantes de mi lista de reproducción a todo volumen.
Cuando miré el reloj por última vez, eran más de las cuatro. Los pájaros
162