MARAVILLOSO DESASTRE maravilloso_desastre | страница 128

www.lecturaycinecr.blogspot.com de él. —¿Trav? ¿Estás bien? —pregunté. Hubo una pausa antes de que, por fin, hablara. —Nunca he estado peor en mi vida. Apreté la frente contra su cuello y él me abrazó con más fuerza. —Esto es una tontería —dije—. Vamos a vernos todos los días. —Sabes que eso no es verdad. El peso de la pena que ambos sentíamos era demoledor y me inundó una necesidad irreprimible de salvarnos a ambos. Levanté la barbilla pero dudé; lo que estaba a punto de hacer lo cambiaría todo. Me dije a mí misma que Travis solo consideraba las relaciones íntimas un pasatiempo, pero cerré los ojos de nuevo y me tragué todos mis miedos. Tenía que hacer algo, sabiendo que ambos permanecíamos despiertos y temiendo cada minuto que pasaba y que nos acercaba a la mañana. Cuando le rocé el cuello con los labios, se me desbocó el corazón, y después probé su carne con un lento y tierno beso. Él miró hacia abajo sorprendido, y entonces su mirada se suavizó al darse cuenta de lo que yo quería. Inclinó la cabeza hacia abajo y apretó sus labios contra los míos con una delicada dulzura. La calidez de sus labios me recorrió todo el cuerpo hasta los dedos de los pies y lo acerqué más a mí. Ahora que habíamos dado el primer paso, no tenía intención de detenerme ahí. Separé los labios para dejar que la lengua de Travis se abriera paso hacia la mía. —Te deseo —dije. De repente, empezó a besarme más lentamente e intentó separarse. Decidida a acabar lo que había empezado, seguí moviendo la boca contra la suya con más ansiedad. Travis reaccionó echándose hacia atrás hasta quedarse de rodillas. Me incorporé con él y mantuve nuestras bocas unidas. Me agarró por los hombros para detenerme. —Espera un momento —me susurró con una sonrisa y jadeando—. No tienes por qué hacer esto, Paloma. No es lo que había pensado para esta noche. Estaba conteniéndose, pero veía en sus ojos que su autocontrol no duraría mucho. Me incliné hacia delante otra vez, y en esta ocasión sus brazos solo cedieron lo justo para permitirme rozar sus labios con los míos. Lo miré con las cejas arqueadas, decidida. Me llevó un momento pronunciar las palabras adecuadas, pero lo hice. —No me hagas suplicar —susurré de nuevo contra su boca. Con esas cuatro palabras, sus reservas se desvanecieron. Me besó con fuerza y ansias. Recorrí con los dedos toda su espalda y me detuve en la goma de sus 128