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Shepley la cubrió de besos, como si no la hubiera visto en meses, y yo sonreí admirando un buen trabajo. Travis estaba de pie en el umbral de la puerta; sonreía mientras yo me abría paso dentro del apartamento.
— Y vivieron felices para siempre— dijo Travis, cerrando la puerta detrás de mí. Me derrumbé en el sofá, y él se sentó a mi lado y puso mis piernas sobre su regazo.—¿ Qué quieres hacer hoy, Paloma?— Dormir. O descansar … o dormir.—¿ Puedo darte tu regalo primero? Le di un empujón en el hombro.—¿ Qué dices? ¿ Me has comprado un regalo? Su boca dibujó una sonrisa nerviosa.— No es una pulsera de diamantes, pero pensé que te gustaría.— Me encantará, ya lo sé. Me levantó las piernas y desapareció en el dormitorio de Shepley. Enarqué una ceja, le oí murmurar y después apareció con una caja. Se sentó en el suelo a mis pies, en cuclillas detrás de la caja.— Date prisa. Quiero que te sorprendas— dijo sonriendo.—¿ Que me dé prisa?— pregunté, al tiempo que levantaba la tapa. Me quedé boquiabierta cuando un par de grandes ojos negros se quedaron mirándome.—¿ Un cachorro?— grité, metiendo las manos en la caja. Levanté al cachorrito oscuro de pelo rizado a la altura de la cara y me cubrió la boca de besos cálidos y húmedos. La cara de Travis se iluminó, triunfal.—¿ Te gusta?—¿ Que si me gusta? ¡ Me encanta! ¡ Me has comprado un cachorro!— Es un Cairn Terrier. Tuve que conducir tres horas para recogerlo el jueves después de clase.— Así que cuando dijiste que te ibas con Shepley a llevar su coche al taller …— Fuimos a por tu regalo— asintió él.— No para de moverse— dije riéndome.— Toda chica de Kansas necesita un Toto— dijo Travis, ayudándome a sujetar la bolita de pelos en mi regazo.—¡ Sí que se parece a Toto! Así lo llamaré— dije, frunciendo la nariz delante del cachorrito inquieto.
— Puedes dejarlo aquí. Yo cuidaré de él por ti cuando tú vuelvas a Morgan— su boca se abrió en una media sonrisa—, y así estaré seguro de que vendrás de visita cuando se acabe el mes.
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