A cada asociado se le encomienda que en esta hora ofrezca al eterno Padre la preciosísima Sangre y agua que salieron de la llaga del Corazón de Jesús, por las necesidades de la Iglesia, de la Congregación y de cuantos la componen con sus familias y obligaciones, por las de las almas justas, para que perseveren, y por las de los herejes y pecadores para que se conviertan y se salven.
Todo esto puede hacerse mentalmente, andando, trabajando y hasta conversando, puesto que lo sustancial de la obra es ofrecer, al Corazón de Jesús herido, los pensamientos, palabras, obras y trabajos de la hora, convirtiéndolo todo en oración, digámoslo así, mediante este ofrecimiento, si lo que se ofrece es digno del Sagrado Corazón y del Congregante.
Los asociados harán mucho aprecio de esta Hora de Guardia, y la esperarán con grande empeño, suponiendo que también lo desea el mismo divino Salvador. Sabe Él muy bien, que a cada hora del día deben venir a sus pies los diversos guardias de honor, no sólo para adorarle, sino también para santificar sus almas por medio de la adoración, y su amante Corazón los aguarda. ¡Y quién podrá pensar ni decir los raudales de gracias que derramará en aquella hora sobre sus amados siervos!.3
3._ Si alguno no se acordase de hacer a su debido tiempo la hora de guardia, podrá hacerla luego que haya notado su descuido; pero no debe variarse definitivamente la hora designada, sin legítimo motivo, y esto avisando al Celador, y concediéndolo éste.
El Emmo. y Rvmo. Cardenal Moreno, Arzobispo de Toledo, concedió a sus diocesanos por cada acto 100 días de indulgencia.
9 HORA DE PRESENCIA