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Cempasúchil, dalia, rosa, begonia y otras flores pueden aportar notas dulces, cítricas, amargas o especiadas a un plato. En octubre, cuando las flores comienzan a ocupar un lugar especial en México, vale la pena mirarlas desde otra perspectiva: como verdaderos ingredientes.
Estamos acostumbrados a observarlas antes de comer. Unos pétalos sobre un postre. Una pequeña flor encima de una ensalada. Un detalle de color colocado cuidadosamente con pinzas justo antes de que el plato abandone la cocina. Durante años, esa imagen convirtió
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a las flores comestibles en una especie de firma visual de la gastronomía contemporánea. Pero una flor puede hacer mucho más que decorar. Puede aportar perfume, amargor, frescura, notas cítricas, dulzor e incluso cierta intensidad especiada. Algunas pueden infusionarse; otras funcionan en ensaladas, salsas, postres, bebidas o preparaciones saladas. La Secretaría de Agricultura señala que las flores han formado parte de la alimentación de los pueblos mesoamericanos desde tiempos ancestrales y documenta usos culinarios de especies como flor de calabaza, jamaica, cempasúchil, dalia, rosa, begonia, |
geranio y manzanilla.
Octubre pone una flor particular frente a nosotros Hay una que inevitablemente adquiere protagonismo conforme avanza octubre: el cempasúchil. Su presencia cultural es mucho mayor que su papel culinario. Lo reconocemos por su color intenso, su aroma y su relación con las celebraciones de Día de Muertos. Pero sus pétalos también son comestibles. Agricultura describe al cempasúchil( Tagetes erecta) como una especie originaria de México cuyos pétalos presentan un sabor dulce con un matiz amargo.
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Manos al Carbón |