soledad del sí mismo. Con su danza parece siempre evocar el riesgo de que suceda una cosa inesperada, como quien está a punto de solucionar un problema imprevisto. El danzante mexicano cita Artaud:“… lo que resulta difícil es hallar el lugar propio y restablecer la comunicación con uno mismo”. Luego explica al grupo, con este fragmento de Artaud, la existencia de un espacio interno, lugar donde el cuerpo imaginario busca su reposo. Pero quién danza sabe que nada reposa en el cuerpo de un bailarín. Todo se mueve infinitamente. Pero la danza no encarna en cualquier cuerpo, sino en algunos cuerpos forjados-moldeados-en el espejo que nos habla con palabras de Michel Serres, filósofo contemporáneo, que nos explica que“ para que Dios se encarne, cada cristiano debe ofrecer la matriz, la cama y la tumba.” Michel Serres indaga ¿ dónde abrigar a este sin-techo ¿ Dónde abrigar el sin-lugar? El cuerpo de un danzarín abriga lo sin-lugar, o el lugar-pasajero, ocupa la casa, el hotel, el pasto, el jardín, la montaña, los caminos bifurcados, el paseo y, así como el sueño ocupa el sonador, el tejido el tejedor, en el cuerpo del danzante se presenta un extenso campo de batalla: campo de guerra construido y destruido con nuestros actos y pensamientos. Cuerpo-lugar donde una divinidad desea expresarse. ¿ Parecerá inapropiado considerar la debilidad marginal de la divinidad danzarina que desea habitar los cuerpos contemporáneos? La danza aunque pasajera, paradójicamente necesita encarnarse en los cuerpos. Carlos Cruz nos regala esta experiencia de danza encarnada, en una total complicidad con la divinidad y entrega. Danzando con él, testimoniamos una flor-tóxicaperfumada-extasiante, afectando su cuerpo y a sus espectadores. Encontrarse con la danza que habita Carlos es una experiencia de Expansión:
“ Intoxicado, ya no se está dentro de lo tóxico, uno es lo tóxico. Donde quiera que vayas, eres portador de virus, tu inspiración ha expirado y contagiado, has vuelto a inspirar el mismo aire tóxico, ya no hay frontera, el límite ha sido infectado, las fronteras son desvanecidas, no hay más obstrucción, el artista se ha expandido.”( Carlos Cruz Islas, 2016)
Danzarín tóxico, demuestra también infinitas Mutaciones, que aluden al conocimiento que revela la buena o mala relación que cada individuo tiene con su ambiente, desde los animales, montañas, plantas hasta la percepción sensible de otros elementos del entorno.
‘’ El contaminado, el que se dejó intoxicar, el que se expuso al virus y fue curado con el mismo virus potenciado, ha mutado. El artista intoxicado está en constante transformación, amorfo, sin lugar, sin frontera, sin restricción ni acotamiento, mutación perpetúa, no
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