Los omniscientes N°9, Marzo 2015 | Page 47

El Diario

En la sala gigantesca llena de anaqueles empolvados dormitaba perezosa la ciencia del pasado. Allí estaba, seguro de todo; hasta que sintió la traición repentina.

─ ¿Para qué la historia?, preguntó el aprendiz un tanto escéptico.

Él procura disimular llenando el tabaco sudamericano su briosa pipa taconeándolo con su índice gordo.

─ ¿Para qué tantos libros innecesarios? Todo esto cabría en un ordenador…

El hombre barbilargo, sin levantar cabeza, lo mira sobre los ojos falsos y voltea la Chester en el cenicero, ahora le sabe amargo. Éstos aprendices… Se da cuenta que ha perdido a su mejor estudiante. Sin embargo era “El Padre de la historia reciente”. Lo cual le hace retrotraer su mirada hacia una medalla congresal que tiene en su escritorio aun en su estuche original.

Finalmente una sonrisa ilumina el monte gris de su rostro, dice:

─Verás, esta sala recoge toda la historia desde la Colonia hasta nuestros días. Es un tesoro invaluable, he llevado mi vida hasta la agonía transportándome de embajada en embajada, de ministerio en ministerio; para documentarme. Para qué sirve… Hace una pausa y estornuda, frota la manzana roja de su perfil que ahora le dificulta la respiración. Pues, muchacho (continua) estas fuentes sirven para reconstruir la nación y después de un sustancioso discurso respira profundo, satisfecho. El joven que parece nervioso mirando a todas partes habla titubeante. “Debo decirle maestro…que el retrete necesita historia contemporánea…”. Y huyó despavorido con el diario del mentor ante la mirada desconcertada del maestro.

Marcos M. Coronado.

Lambayeque- Perú.