Los omniscientes N°9, Marzo 2015 | Page 46

La historia de Liza

Un señor de unos 70 años, muy acongojado pone un antiguo vinilo en la soledad de su sótano-taller y suena una vieja canción, con una pequeña introducción de wah wah que lo hace volar a aquella época tan contradictoria, entre feliz y peligrosa por los militares.

Cierra los ojos y se sitúa en el momento; oye la despedida, y la angustia de la ausencia cala hondo, es la pérdida, la impotencia de no haber podido detener el curso de los hechos históricos, Fidel revive el momento.

Mágicamente esta canción, “Liza de los ojos azules” de Nicola Di Bari lo envuelve, y a la par se va dibujando una silueta joven que flota en el espacio, de claroscuros y madera. Ella, gélida y transparente, lo mira encantando sus ojos grises, ya cansados.

Fidel escuchaba en silencio la canción con ese sonido de fritura antiguo, y mientras la figura del fantasma de Liza lo acariciaba, él sonreía y hablaba con ella asegurándole que faltaba poco para el reencuentro, ella con una mirada tierna se acercó más y lo besó, sin percatarse de que David, el nieto más pequeño, los miraba oculto detrás de un estante con herramientas.

Alejandro Martínez

Jujuy, Argentina