Un gigante azul dormía a la vera de un sinuoso camino, hechizado por un mal de amores; nada lograba despertarlo, por empezar porque era sordo y además su inconsciente ejercía una resistencia a todo intento de vigilia.
Una tímida nevisca le regaló un hada que, como toda criatura mágica, podía concederle un deseo oculto.
Estaba claro que el gigante no quería despertar; su dormitar era casi eterno, como su alma de cristal... ¿cómo iba entonces el hada a cumplir su cometido?
"Un sentimiento derriba muros" , pensó aquella diminuta dama. Y así, con una simple caricia sobre la espalda de aquel ser enorme, logró deshechizarlo, no sin antes recordarle en un lenguaje universal, que los muros fueron hechos para derribar, las hadas para curar y los gigantes para amar."
Marcelo Augstaitis
( Buenos Aires, Argentina)