Los omniscientes N°9, Marzo 2015 | Page 37

Quisiste que leyera tus libros y aprendí a leer como tú.

Me enseñaste que la comida hecha en casa es más sabrosa, porque tiene el amor como ingrediente. Y si comes de esa comida hecha con amor, puedes salir y bailarte la vida sin miedo, con la seguridad de que las cosas bien hechas siempre son recompensadas.

Lo más dulce quizás tu sonrisa y esa mirada. Me mirabas como un pintor a su obra terminada, nos reíamos y arreglábamos el mundo. ¿Será que lo arreglaremos por fin un día?

Construiste un mundo casi perfecto a mi alrededor, quisiste que mis pasos al andar por la vida fueran firmes, seguros, ligeros. Gracias a ti camino y vuelo a la vez y mis mariposas siguen revoloteando a mi alrededor.

Te tengo. Te atrapé una vez y no te he soltado, pero te hice creer que eras tú quien me atrapó, sólo para que pudieras presumir.

He hecho muchas de las cosas que has querido, yo creo que te pasó como a veces a mí, que tus sueños se hicieron realidad antes de saber que eran sueños. Seguramente me soñaste sin saberlo. ¿Lo ves? También me gusta presumir, como a ti.

Pero, ¿sabes una cosa? No he podido complacerte en todo, y quisiera hacerlo porque sé que es tu deseo. Sé que no querías que llorara… entonces, no debiste haberte ido… Te hecho tanto de menos…

ANGÉLICA PEROZO PIÑA

VENEZUELA-ESPAÑA