Los omniscientes N° 5 , Noviembre 2014 | Page 48

HOJAS

Miraba, sin ocuparme mucho en el entorno, hacia el suelo que el otoño había empezado a alfombrar de apergaminada hojarasca, tiñendo de marrones el gris acerado o el verde césped de los parques.

La mañana, fresca sin ser fría en exceso, era tranquila y transcurría pausada con un agradable olor a plantas regadas por el rocío de una madrugada húmeda. Disfrutaba de ella en tanto deambulaba en busca del beso reconfortante de un café vespertino.

Pisaba con gusto aquél tapiz yermo que la naturaleza dejó a mis pies, mientras a mi alrededor seguían lloviendo hojas sin cesar, creando una reconfortante visión que rememoraban años ya perdidos en la memoria. Caían al suelo, avejentadas, rotas algunas por haber luchado más de la cuenta por mantenerse en aquél árbol de la vida que le surtía del alimento necesario para subsistir, pero nada se podía hacer ante la implacable naturaleza de las cosas.

En ese campo de batalla se contaban por cientos los muertos que, otrora, resistieron con entereza las embestidas de las tropas meteorológicas y, en algunos casos, al atroz ejército humano que contaminaba cualquier terreno que ocupaba. El viento, como queriendo comprobar si había hecho bien su trabajo, removía la maltrecha fronda perecida y dispersaba su victoria entre las callejuelas adyacentes.

Al elevar la mirada, las ramas de la arboleda se veían huérfanas, tristes incluso. Madres sin hijos que añoraban sus caricias, que se sentían vacías, que no daban la sombra protectora que con ellos servían. El desolado cuadro era digno de ser enmarcado entre maderas nobles talladas, vestidas con pan de oro y ser expuesta en el mejor museo del mundo.

Era la imagen de una realidad invisible. No se ocultaba, pero era silenciosa su historia. El crepitar del follaje vencido que caía sobre el lecho mortecino desparramado en el suelo, llamaba a conciliar los pensamientos. Mis pasos, lentos y solemnes, quebrando aún más los imposibles huesos de aquellos restos, se alienaban con la apaciguada mañana que conmovía el alma.