LOS OJOS DEL PERRO SIBERIANO los ojos del perro siberiano | Page 29

Tincho_1712 eran negros. Y que los gritos de las hinchadas habían sido cantos fúnebres. La muerte. Ezequiel me revolvió el pelo con su mano. Debe haber visto mi expresión y se rió a carcajadas. —No tenés que ser tan literal. Si Racing sigue jugando así, vos también te vas a morir sin verlo salir campeón. Entonces nos reímos juntos. * * * Ezequiel me acompañó hasta la puerta de casa y no quiso pasar, argumentó que tenía que levantarse temprano al día siguiente. En ese momento, me di cuenta de que yo no sabía nada de su vida, qué hacía, de qué vivía, si trabajaba o no. Mentalmente me lo agendé para la próxima vez. Quería que me contara de él. Cuando entré me recibieron como si efectivamente hubiese cruzado el océano en bote a remos. Mi madre me preguntó si me había pasado algo, si estaba bien y si tenía hambre. No, si y no fueron mis respuestas respectivas. Mi padre no me preguntó nada. Esperó que me bañara y luego me invitó a "dialogar". No podría transcribir aquí ese "diálogo", que no fue tal, sino un monólogo largo, que yo sólo interrumpí con suplicas y sollozos. Lo que dijo mi padre ese domingo, que hasta ese momento para mí había sido mágico fue más o menos lo siguiente. Primero: No dejaba de sorprenderlo mi repentino interés por el fútbol, eso demostraba que él me había descuidado, cosa que no volvería a pasar. Pero bueno, él me había inculcado el amor por los deportes y no se opondría a mi pasión, desde ese momento iríamos juntos a la cancha cada vez que yo quisiera, obviamente a platea, que es donde va la gente decente y no a la tribuna popular, como habíamos ido Ezequiel y yo, que es a donde van los vándalos. Segundo: Mi relación con Ezequiel. Dado que yo nunca había manifestado interés en relacionarme con mi hermano, mi padre sostuvo que era mejor continuar así. Como regalo de cumpleaños era bastante simpático "un compact-disc de música moderna y un viaje en colectivo hasta Avellaneda para ver fútbol", pero que nuestra relación terminaba allí. Que no era "sano" para un niño de 11 años andar por ahí con un adulto de 24, por más que éste fuera su hermano. Tercero: Él entendía que yo estaba por ingresar a la pubertad, que mi cuerpo estaba empezando a cambiar, y tal vez tenía alguna duda o pregunta que hacer. Si era por eso, tenía que confiar en él, después de todo era mi padre, me había dado la vida, me había educado. Yo tenía que confiar en él. Y cuarto: En cuanto a Ezequiel, me prohibía volver a verlo fuera del ámbito familiar. Todo esto por supuesto "era por mi propio bien" y "más adelante se lo agradecería". Mi padre como siempre dio por terminada nuestra conversación levantándose y yéndose.