LOS OJOS DEL PERRO SIBERIANO los ojos del perro siberiano | Page 27
Tincho_1712
Mariano trató por todos los medios de convencerme para ir conmigo a la cancha, pero
afortunadamente no lo logró.
A la tarde, en casa, mi padre me llamó para jugar al ajedrez. Esta vez logré hacerle
un poco más de fuerza y la partida fue más larga.
Al terminar llegó lo que yo estaba esperando.
—Me enteré de que tu hermano te invitó a ver un partido de fútbol —me dijo.
—Si, papá —contesté con mi habitual facilidad de palabra.
—Y vos querés ir —prosiguió.
—Me gustaría mucho.
—Vos sos un chico inteligente, no se te escapará que a esos lugares va cualquier clase
de gente —e hizo una especial entonación en las palabras "cualquier clase"—. Que
además suele haber peleas y mucha violencia.
—Pero, el domingo Racing juega con Platense, no va a pasar nada.
—Noto que ahora sos un especialista en fútbol, yo creí que tanto no te interesaba.
Bajé la vista. No sabía qué responder, nuestras discusiones siempre terminaban así,
yo hacía silencio y bajaba la vista, mi padre no volvía a hablar, luego de unos
instantes se levantaba y daba por acabada la cuestión, siempre a favor suyo.
Pasó un rato más y en el momento que se paró me armé de valor y le dije:
—Pero me va a llevar Ezequiel, él me va a cuidar, no va a dejar que me pase nada.
—Ezequiel...
Y fue él esta vez que hizo silencio y bajó la vista.
—Vos sabes muy bien —dijo luego de un instante—que nosotros no estamos muy de
acuerdo con algunos aspectos de la vida de tu hermano, que estamos... cómo decirlo,
un poco distanciados. Así y todo querés que te deje ir a ver un partido de fútbol con
él.
—Si papá, por favor —Y mis ojos se llenaron de lágrimas.
Me miró un buen rato y dijo:
—Está bien, te dejo ir. Pero no pienses que esto termina acá, después del domingo
vamos a tener una larga charla nosotros dos.
Se levantó, empezó a caminar para irse, se dio vuelta y me dijo:
—No te olvides de esto; los hombres son como los vinos, en algunos la juventud es
una virtud, pero en otros es un pecado.