Literatura BDSM Cincuenta sombras más oscuras | Seite 453
inundan mis ojos.
Tirando suavemente de mi mano me hace entrar y, antes de que pueda
darme cuenta, le tengo frente a mí con una rodilla hincada en el suelo. ¡Dios santo…
esto sí que no me lo esperaba! Me quedo sin respiración.
Él saca un anillo del bolsillo interior de la chaqueta y levanta sus ojos
grises hacia mí, brillantes, sinceros y cargados de emoción.
—Anastasia Steele. Te quiero. Quiero amarte, honrarte y protegerte durante
el resto de mi vida. Sé mía. Para siempre. Comparte tu vida conmigo. Cásate conmigo.
Le miro parpadeando, y las lágrimas empiezan a resbalar por mis mejillas.
Mi Cincuenta, mi hombre. Le quiero tanto. Me invade una inmensa oleada de emoción,
y lo único que soy capaz de decir es:
—Sí.
Él sonríe, aliviado, y desliza lentamente el anillo en mi dedo. Es un
precioso diamante ovalado sobre un aro de platino. Uau, es grande… Grande, pero
simple, deslumbrante en su simplicidad.
—Oh, Christian —sollozo, abrumada de pronto por tanta felicidad.
Me arrodillo a su lado, hundo las manos en su cabello y le beso. Le beso
con todo mi corazón y mi alma. Beso a este hombre hermoso que me quiere tanto como
yo le quiero a él; y él me envuelve en sus brazos, y pone las manos sobre mi pelo y la
boca sobre mis labios. Y en el fondo de mi ser sé que siempre seré suya, y que él
siempre será mío. Juntos hemos llegado muy lejos, y tenemos que llegar aún más lejos,
pero estamos hechos el uno para el otro. Estamos predestinados.
***
Da una calada y la punta del cigarrillo brilla en la oscuridad. Expulsa una
gran bocanada de humo, que termina en dos anillos que se disipan ante él, pálidos y
espectrales bajo la luz de la luna. Se remueve en el asiento, aburrido, y bebe un
pequeño sorbo de bourbon barato de una botella envuelta en un papel marrón arrugado,
que luego vuelve a colocarse entre los muslos.
Es increíble que aún le siga la pista. Tuerce la boca en una mueca
sardónica. Lo del helicóptero ha sido una acción temeraria y precipitada. Una de las
cosas más excitantes que ha hecho en toda su vida. Pero ha sido en vano. Pone los ojos
en blanco con expresión irónica. ¿Quién habría pensado que ese hijo de puta sabría
pilotar tan bien, el muy cabrón?
Suelta un gruñido.
Le han infravalorado. Si Grey creyó por un momento que se retiraría
gimoteante y con el rabo entre las piernas, es que ese capullo no se entera de nada.
Le ha pasado lo mismo durante toda la vida. La gente le ha infravalorado
constantemente: no es más que un hombre que lee libros. ¡Y una mierda! Es un hombre
que lee libros, y que además tiene una memoria fotográfica. Ah, las cosas de las que se
ha enterado, las cosas que sabe. Gruñe otra vez. Sí, sobre ti, Grey. Las cosas que sé