Literatura BDSM Cincuenta sombras más oscuras | Page 446
—Tú nunca me abrazaste —susurra Christian—. No me dijiste que me
querías, ni una sola vez.
Ella entorna los ojos.
—El amor es para los idiotas, Christian.
—Fuera de mi casa.
La voz furiosa e implacable de Grace nos sobresalta a todos. Los tres
volvemos rápidamente la cabeza hacia ella, de pie en el umbral de la sala. Está
mirando fijamente a Elena, que palidece bajo su bronceado de Saint-Tropez.
El tiempo se detiene mientras todos contenemos la respiración. Grace
irrumpe muy decidida en la habitación, sin apartar su ardiente y colérica mirada de
Elena, hasta plantarse frente a ella. Elena abre los ojos, alarmada, y Grace le propina
un fuerte bofetón en la cara, cuyo impacto resuena en las paredes del comedor.
—¡Quita tus asquerosas zarpas de mi hijo, puta, y sal de mi casa… ahora!
—masculla con los dientes apretados.
Elena se toca la mejilla enrojecida, y parpadea horrorizada y atónita
mirando a Grace. Luego abandona corriendo la sala, sin molestarse siquiera en cerrar
la puerta.
Grace se vuelve despacio hacia Christian, y un tenso silencio cae como un
manto de espesa niebla sobre la habitación mientras madre e hijo se miran fijamente.
Al cabo de un momento, Grace dice:
—Ana, antes de entregarte a mi hijo, +