Literatura BDSM Cincuenta sombras más oscuras | Page 426
alborotado y sus ojos grises brillantes: todo un festín para la vista. Levanta la mirada
al verme y ya no aparta la vista de mí. Frunce levemente el ceño, y no sé si es por mí o
por la conversación.
—Tú hazlos pasar y déjalos solos. ¿Entendido, Mia? —dice entre dientes,
poniendo los ojos en blanco—. Bien.
Le hago una señal de que la comida está lista, y él me sonríe y asiente.
—Nos vemos luego. —Cuelga—. ¿Una llamada más? —pregunta.
—Claro.
—Este vestido es muy corto —añade.
—¿Te gusta?
Doy una vuelta frente a él. Es una de las compras de Caroline Acton. Un
vestido veraniego de color turquesa, que seguramente sería más apropiado para ir a la
playa, pero hoy hace un día precioso en muchos sentidos. Él frunce el ceño y yo me
pongo pálida.
—Estás fantástica, Ana. Pero no quiero que nadie más te vea así.
—¡Oh! —le digo en tono de reproche—. Estamos en casa, Christian. Solo
está el personal.
Tuerce el gesto y, o bien intenta disimular su buen humor, o realmente no le
hace ninguna gracia. Pero al final asiente, ratificándose. Yo le miro sin dar crédito…
¿de verdad lo dice en serio? Regreso a la cocina.
Cinco minutos después, vuelvo a tenerle enfrente, con el teléfono en la
mano.
—Ray quiere hablar contigo —murmura con una mirada cauta.
Me quedo sin respiración de golpe. Cojo el teléfono y cubro el micrófono.
—¡Se lo has contado! —siseo.
Christian asiente, y abre mucho los ojos ante mi angustiado semblante.
¡Oh, no! Inspiro profundamente.
—Hola, papá.
—Christian acaba de preguntarme si puede casarse contigo —dice Ray.
Se hace el silencio entre los dos mientras pienso desesperadamente qué
puedo decir. Ray sigue callado como suele hacer, sin darme ninguna pista sobre su
reacción ante la noticia. Me decido por fin.
—¿Y tú qué le has dicho?
—Le he dicho que quería hablar contigo. Es bastante repentino, ¿no crees,
Annie? Hace muy poco que le conoces. Quiero decir que es un buen tío, le gusta la
pesca y todo eso, pero… ¿tan pronto? —dice en un tono tranquilo y comedido.
—Sí. Es repentino… espera un momento.
Me alejo a toda prisa de la zona de la cocina y de la mirada ansiosa de
Christian, y voy hacia el ventanal. Las puertas que dan al balcón están abiertas, y salgo
a la luz del sol. No puedo acercarme al borde. Está demasiado alto.