Literatura BDSM Cincuenta sombras más oscuras | Page 419
—Chupa —ordena en voz baja—. Voy a meterte esto dentro.
¿Dentro? Dentro… ¿dónde? Me da un vuelco el corazón.
—Chupa —repite, y deja quieta la palma de la mano.
¡No, no pares! Quiero gritar, pero tengo la boca llena. Sus manos oleosas
recorren nuevamente mi cuerpo hacia arriba y finalmente cubren mis desatendidos
senos.
—No pares de chupar.
Hace girar delicadamente mis pezones entre el pulgar y el índice, con una
caricia experta que los endurece y agranda, creando una oleada sináptica de placer que
llega hasta mi entrepierna.
—Tienes unos pechos tan hermosos, Ana —susurra, y mis pezones
responden endureciéndose aún más.
Él murmura complacido y yo gimo. Baja los labios desde mi cuello hasta
uno de mis senos, sin dejar de chupar y mordisquear suavemente hasta llegar al pezón,
y de repente noto el pellizco de la pinza.
—¡Ay! —gruño entrecortadamente a través del aparato que cubre mi boca.
Oh, por Dios… el pellizco produce una sensación exquisita, cruda,
dolorosa, placentera. Me lame con dulzura el pezón prisionero, mientras procede a
colocar la segunda pinza. El pellizco también es intenso… pero igualmente agradable.
Gimo con fuerza.
—Siéntelo —sisea él.
Ah, lo siento. Lo siento. Lo siento.
—Dame esto.
Tira con cuidado del estriado chupete metálico que tengo en la boca, y lo
suelto. Sus manos recorren otra vez mi cuerpo, descendiendo hacia mi sexo. Ha vuelto
a untárselas de aceite, y se deslizan alrededor de mi trasero.
Ahogo un gemido. ¿Qué va a hacer? Cuando me pasa los dedos entre las
nalgas, me tenso sobre las rodillas.
—Chsss, despacio —me susurra al oído, y me besa la nuca y me provoca e
incita con los dedos.
¿Qué va a hacer? Desliza la otra mano por mi vientre, hasta mi sexo, y lo
acaricia de nuevo con la palma. Introduce sus dedos dentro de mí y yo jadeo fuerte,
gozando.
—V a meterte esto dentro —murmura—. No aquí. —Sus dedos se
oy
deslizan entre mis nalgas, untando el aceite—. Sino aquí.
Y hace girar los dedos una y otra vez, dentro y fuera, golpeando la pared
frontal de mi vagina. Yo gimo y mis pezones presos se hinchan.
—Ah.
—Ahora, silencio.
Christian saca los dedos y desliza el objeto dentro de mí. Luego me coge la