Literatura BDSM Cincuenta sombras más oscuras | Page 417
advierte.
Por un momento creo que está enfadado, pero entonces sonríe y aparece un
brillo divertido en su mirada ardorosa.
—Eres irresistible —digo con un mohín.
—¿Ah, sí? —replica secamente.
Yo asiento.
—Bueno, no me distraigas, o te amordazaré.
—Me gusta distraerte —susurro mirándole con expresión terca, y él levanta
una ceja.
—O te azotaré.
¡Oh! Intento disimular una sonrisa. Hubo una época, no hace mucho, en que
me habría sometido ante esa amenaza. Nunca me habría atrevido a besarle
espontáneamente, y menos estando en este cuarto. Ahora me doy cuenta de que ya no
me intimida, y es como una revelación. Sonrío con picardía y él me devuelve una
sonrisa cómplice.
—Compórtate —masculla.
Da un paso atrás, me mira y golpea con las esposas de cuero en la palma de
su mano.
Y la amenaza está ahí, implícita en sus actos. Trato de parecer arrepentida,
y creo que lo consigo. Él se acerca otra vez.
—Eso está mejor —musita, y se inclina nuevamente hacia mí con las
esposas.
Yo evito tocarle, pero inhalo ese glorioso aroma a Christian, fresco aún
después de la ducha de anoche. Mmm… debería embotellarlo.
Espero que me espose las muñecas, pero en vez de eso me las coloca por
encima de los codos. Eso me obliga a arquear la espalda y a empujar los pechos hacia
delante, aunque mis codos quedan bastante separados. Cuando termina, se echa hacia
atrás para contemplarme.
—¿Estás bien? —pregunta.
No es la postura más cómoda del mundo, pero la expectativa de descubrir
qué puede hacer resulta tan electrizante que asiento y jadeo débilmente con anhelo.
—Bien.
Saca el antifaz del bolsillo de atrás.
—Creo que ya has visto bastante —murmura.
Me pone el antifaz por encima de la cabeza hasta cubrirme los ojos. Se me
acelera la respiración. Dios… ¿Por qué es tan erótico no ver nada? Estoy aquí,
esposada y de rodillas sobre una mesa, esperando… con una dulce y ardiente
expectación que me quema por dentro. Pero puedo oír, y de fondo sigue sonando ese
ritmo melódico y constante que resuena por todo mi cuerpo. No me había dado cuenta
hasta ahora. Debe de haberlo programado en modo repetición.