Literatura BDSM Cincuenta sombras más oscuras | Page 406

Arquea las cejas, completamente atónito. Yo asiento. —Sí, cabeza dura. —No creo que los huesos de mi cráneo tengan una dureza significativamente mayor que cualquier otra parte de mi cuerpo. —¡Estoy hablando en serio! Deja de hacer bromas. Aún estoy un poco enfadada contigo, aunque eso haya quedado parcialmente eclipsado por el hecho de que estés en casa sano y salvo. Cuando pensé… —Se me quiebra la voz al recordar esas horas de angustia—. Bueno, ya sabes lo que pensé. Su mirada se dulcifica, alarga la mano y me acaricia la cara. —Lo siento. ¿De acuerdo? —Y también tu pobre madre. Fue muy conmovedor verte con ella — susurro. Él sonríe tímidamente. —Nunca la había visto de ese modo. —Adopta una expresión perpleja al recordarlo—. Sí, ha sido realmente impresionante. Por lo general es tan serena… Resultó muy impactante. —¿Lo ves? Todo el mundo te quiere. —Sonrío—. Quizá ahora empieces a creértelo. —Me inclino y le beso con dulzura—. Feliz cumpleaños, Christian. Me alegro de que estés aquí para compartir tu día conmigo. Y no has visto lo que te tengo preparado para mañana… bueno, hoy. —¿Hay más? —dice asombrado, y en su cara aparece una sonrisa arrebatadora. —Ah, sí, señor Grey, pero tendrá que esperar hasta entonces. *** Me despierto de repente de un sueño, o de una pesadilla, y me incorporo en la cama con el pulso terriblemente acelerado. Me doy la vuelta, aterrada, y compruebo con alivio que Christian duerme plácidamente a mi lado. Como me he movido, él se revuelve y alarga un brazo en sueños para rodearme con él, recuesta la cabeza en mi hombro, y suspira quedamente. La luz inunda la habitación. Son las ocho. Christian nunca duerme hasta tan tarde. Vuelvo a tumbarme y dejo que mi corazón palpitante se calme. ¿Por qué esta angustia? ¿Es una secuela de lo sucedido anoche? Me doy la vuelta y le observo. Está a salvo. Inspiro profunda y tranquilamente y contemplo su adorable rostro. Un rostro que ahora me resulta tan familiar, con todas sus luces y sombras grabadas en mi mente a perpetuidad. Cuando duerme parece mucho más joven, y sonrío porque a partir de hoy es un año más viejo. Me abrazo a mí misma, pensando en mi regalo. Oooh… ¿cómo reaccionará? Quizá debería empezar trayéndole el desayuno a la cama. Además, puede que José todavía esté aquí.