Literatura BDSM Cincuenta sombras más oscuras | Page 396
Christian vuelve al salón y nos deja a José y a mí en la entrada.
Uau. Me ha dejado a solas con José.
—En fin, buenas noches —dice José, repentinamente incómodo.
—Buenas noches, José, y gracias por quedarte.
—Ningún problema, Ana. Cada vez que ese poderoso y millonario novio
tuyo desaparezca… yo estaré ahí.
—¡José! —le riño.
—Es una broma. No te enfades. Mañana me iré temprano. Ya nos veremos,
¿eh? Te he echado de menos.
—Claro, José. Pronto, espero. Siento que haya sido una noche tan…
espantosa —digo sonriendo a modo de disculpa.
—Sí —replica con gesto cómplice—, espantosa. —Me abraza—. En serio,
Ana. Me alegro de que seas feliz, pero si me necesitas, ahí estaré.
Yo le miro fijamente.
—Gracias.
Él me responde con una sonrisa fugaz, agridulce, y luego sube las escaleras.
Yo vuelvo al salón. Christian está de pie junto al sofá, y me observa con
expresión inescrutable. Por fin estamos solos y nos miramos intensamente.
—Él sigue loco por ti, ¿sabes? —murmura.
—¿Y usted cómo lo sabe, señor Grey?
—Reconozco los síntomas, señorita Steele. Me parece que yo sufro la
misma dolencia.
—Creí que no volvería a verte nunca —susurro.
Ya está, ya lo he dicho. Todos mis peores miedos condensados nítidamente
en una frase corta, y por fin exorcizados.
—No fue tan grave como parece.
Recojo del suelo la americana de su traje y sus zapatos, y me acerco a él.
—Ya lo llevaré yo —murmura, y coge la chaqueta.
Christian me observa como si yo fuera su razón de vivir, y estoy segura de
que yo le miro del mismo modo. Está aquí, realmente aquí. Me acoge entre sus brazos y
yo me dejo envolver por su cuerpo.
—Christian —gimo, y nuevamente brotan las lágrimas.
—Chsss… —me calma, y me besa el pelo—. ¿Sabes?, durante esos
espantosos segundos antes de aterrizar, solo pensé en ti. Tú eres mi talismán, Ana.
—Creía que te había perdido —digo sin aliento.
Nos quedamos así, abrazados, recuperándonos y tranquilizándonos
mutuamente. Cuando le estrecho con más fuerza, me doy cuenta de que sigo llevando
los zapatos en la mano, y los dejo caer al suelo, rompiendo el silencio.
—Ven a ducharte conmigo —murmura.
—Vale.