Literatura BDSM Cincuenta sombras más oscuras | Página 383
cuando estemos solas.
Ahora mismo no estoy preparada para la santa inquisidora Katherine
Kavanagh. Ella me mira con suspicacia.
—¿Estás bien? —pregunta cariñosamente.
—Sí —respondo sonriendo, aunque estaría mejor si supiera dónde está
Christian.
—Estupendo.
—Hola, Ethan.
Le sonrío, y él me da un pequeño abrazo.
—Hola, Ana —me susurra al oído.
—¿Qué tal la comida con Mia? —le pregunto.
—Interesante —contesta, muy críptico.
¿Oh?
—Ethan, ¿conoces a José?
—Nos vimos una vez —masculla José mirando intensamente a Ethan al
estrecharle la mano.
—Sí, en Vancouver, en casa de Kate —dice Ethan, que le sonríe
afablemente—. Bueno, ¿quién quiere una copa?
V al lavabo, y desde allí le mando un mensaje a Christian con la
oy
dirección del bar; a lo mejor se viene con nosotros. No tengo llamadas perdidas suyas,
ni e-mails. Eso es muy raro en él.
—¿Qué pasa, Ana? —pregunta José cuando vuelvo a la mesa.
—No localizo a Christian. Espero que esté bien.
—Seguro que sí. ¿Otra cerveza?
—Claro.
Kate se me acerca.
—¿Ethan dice que una ex novia loca entró con una pistola en el
apartamento?
—Bueno… sí.
Me encojo de hombros a modo de disculpa. Oh, vaya… ¿ahora tenemos que
hablar de eso?
—Ana… ¿qué demonios ha pasado?
De pronto Kate se interrumpe y saca su móvil.
—Hola, nene —dice cuando contesta. ¡Nene! Frunce el ceño y me mira—.
Claro —dice, y se vuelve hacia mí—. Es Elliot… quiere hablar contigo.
—Ana.
Elliot habla con voz entrecortada, y a mí se me eriza el vello.
—Es Christian. No ha vuelto de Portland.
—¿Qué? ¿Qué quieres decir?
—Su helicóptero ha desaparecido.