Literatura BDSM Cincuenta sombras más oscuras | Page 359

perfectamente de dónde proceden. Incluso puedo entender por qué no le gusta que le toquen: he visto las cicatrices físicas. Las mentales solo puedo imaginarlas, y únicamente en una ocasión he tenido un atisbo de sus pesadillas. Y el doctor Flynn ha dicho… —Quiero saber de qué habéis hablado —interrumpe Christian mi reflexión. Deja la interestatal 5 en la salida 172 y se dirige al oeste, hacia el sol que se pone lentamente. —Ha dicho que yo era tu amante. —¿Ah, sí? —Ahora su tono es conciliador—. Bueno, es bastante maniático con los términos. A mí me parece una descripción bastante exacta. ¿A ti, no? —¿Tú considerabas amantes a tus sumisas? Christian frunce una vez más el ceño, pero ahora con gesto pensativo. Hace girar suavemente el Saab de nuevo en dirección norte. ¿Adónde vamos? —No. Eran compañeras sexuales —murmura, con voz cauta—. Tú eres mi única amante. Y quiero que seas algo más. Oh… ahí está otra vez esa palabra mágica, rebosante de posibilidades. Eso me hace sonreír, y me abrazo a mí misma por dentro, intentando contener mi alegría. —Lo sé —susurro, haciendo esfuerzos para ocultar la emoción—. Solo necesito un poco de tiempo, Christian. Para reflexionar sobre estos últimos días. Él me mira con la cabeza ladeada, extrañado, perplejo. El semáforo ante el que estamos parados se pone verde. Christian asiente y sube la música. La conversación ha terminado. Van Morrison sigue cantando —con más optimismo ahora— sobre una noche maravillosa para bailar bajo la luna. Contemplo por la ventanilla los pinos y los abetos cubiertos por la pátina dorada de la luz crepuscular, y sus sombras alargadas que se extienden sobre la carretera. Christian ha girado por una calle de aspecto más residencial, y enfilamos hacia el oeste, hacia el Sound. —¿Adónde vamos? —pregunto otra vez cuando volvemos a girar. Atisbo la señal de la calle: 9TH AVE. NW. Estoy desconcertada. —Sorpresa —dice, y sonríe misteriosamente.