Literatura BDSM Cincuenta sombras más oscuras | Page 352

pase. Naturalmente, hacer ese cambio en su vida le preocupa. Se expone potencialmente a todo un universo de sufrimiento emocional, del cual, por cierto, tuvo un anticipo cuando tú le dejaste. Es lógico que se muestre aprensivo. —Hace una pausa —. No voy a insistir más en la importancia de tu papel en esta conversión de Damasco… en su camino hacia Damasco. Pero la tiene, y mucha. Christian no estaría en este punto si no te hubiera conocido. Personalmente yo no creo que la del alcohólico sea una buena analogía, pero si por ahora le sirve, pienso que deberíamos concederle el beneficio de la duda. Concederle a Christian el beneficio de la duda. Frunzo el ceño ante la idea. —Emocionalmente, Christian es un adolescente, Ana. Pasó totalmente de largo por esa fase de su vida. Ha canalizado todas sus energías en triunfar en el mundo de los negocios, y ha superado todas las expectativas. Ahora tiene que poner al día su universo emocional. —¿Y yo cómo puedo ayudarle? El doctor Flynn se echa a reír. —Limítate a seguir haciendo lo que estás haciendo. —Me sonríe—. Christian está perdidamente enamorado. Es fantástico verle así. Me ruborizo, y la diosa que llevo dentro se abraza entusiasmada, pero hay algo que me sigue preocupando. —¿Puedo preguntarle una cosa más? —Por supuesto. Suspiro profundamente. —Una parte de mí piensa que, si Christian no estuviera tan destrozado, no me querría… a mí. El doctor Flynn arquea las cejas, sorprendido. —Esa es una valoración muy negativa de ti misma, Ana. Y, francamente, dice más sobre ti que sobre Christian. No llega al nivel de su odio hacia sí mismo, pero me sorprende. —Bueno, mírele a él… y luego míreme a mí. El doctor Flynn tuerce el gesto. —Lo he hecho. He visto a un hombre joven y atractivo, y a una mujer joven y atractiva. ¿Por qué no te consideras atractiva, Ana? Oh, no… no quiero que esto se centre ahora mí. Me miro los dedos. En ese momento llaman con energía a la puerta y me sobresalto. Christian vuelve a entrar en la sala, mirándonos fijamente a ambos. Yo me ruborizo y vuelvo la vista hacia Flynn, que sonríe afablemente a Christian. —Bienvenido de nuevo, Christian —dice. —Creo que ya ha pasado la hora, John. —Ya casi estamos, Christian. Pasa. Christian se sienta, a mi lado esta vez, y apoya la mano sobre mi rodilla