Literatura BDSM Cincuenta sombras más oscuras | Page 350
El doctor Flynn suspira.
—Ana, en el breve tiempo que hace que le conoces, has hecho más
progresos que yo en los dos años que le he tenido como paciente. Has causado un
profundo efecto en él. Eso tienes que verlo.
—Él también ha causado un profundo efecto en mí. Es solo que no sé si
seré bastante para él. Para satisfacer sus necesidades —susurro.
—¿Es eso lo que necesitas de mí? ¿Que te tranquilice?
Asiento.
—Christian necesita un cambio —dice sencillamente—. Se ha visto en una
situación en la que sus métodos para afrontarla ya no le sirven. Es algo muy simple: tú
le has obligado a enfrentarse a algunos de sus demonios, y a recapacitar.
Le miro fijamente. Eso cuadra bastante con lo que Christian me ha contado.
—Sí, sus demonios —murmuro.
—No profundizaremos en ellos… son cosa del pasado. Christian ya sabe
cuáles son sus demonios, como yo… y estoy seguro de que ahora tú también. Me
preocupa mucho más el futuro, y conducir a Christian al lugar donde quiere estar.
Frunzo el ceño y él levanta una ceja.
—El término técnico es SFBT… lo siento. —Sonríe—. Son las siglas en
inglés de «terapia breve centrada en soluciones». Está básicamente orientada a
alcanzar un objetivo. Nos concentramos en la meta a la que quiere llegar Christian y en
cómo conducirle hasta allí. Es un enfoque dialéctico. No tiene sentido culpabilizarse
por el pasado: eso ya lo han analizado todos los médicos, psicólogos y psiquiatras que
han visitado a Christian. Sabemos por qué es como es, pero lo importante es el futuro.
A qué aspira Christian, adónde quiere llegar. Hizo falta que le abandonaras para que él
aceptara seriamente este tipo de terapia. Es consciente de que su objetivo es una
relación amorosa contigo. Es así de simple, y ahora trabajaremos sobre eso. Hay
obstáculos, naturalmente: su hafefobia, por ejemplo.
¿Su qué? Le miro boquiabierta.
—Perdona. Me refiero a su miedo a que le toquen —dice el doctor Flynn, y
mueve la cabeza como regañándose a sí mismo—. Del que estoy convencido de que
eres consciente.
Me ruborizo y asiento. ¡Ah, eso!
—Sufre un aborrecimiento mórbido hacia sí mismo. Estoy seguro de que
esto no te sorprende. Y, por supuesto, está la… parasomnia… esto… perdona, dicho
llanamente, los terrores nocturnos.
Parpadeo e intento absorber todas esas complejas palabras. Todo eso ya lo
sé, pero el doctor Flynn no ha mencionado mi preocupación principal.
—Pero es un sádico. Seguro que, como tal, tiene necesidades que yo no
puedo satisfacer.
El doctor Flynn alza la vista al cielo con gesto exasperado y aprieta los