Literatura BDSM Cincuenta sombras más oscuras | Page 335

17 Mmm… Christian me acaricia el cuello con la nariz y me despierto poco a poco. —Buenos días, nena —susurra, y me mordisquea el lóbulo de la oreja. Mis ojos se abren de golpe y se vuelven a cerrar enseguida. La brillante luz de la mañana inunda la habitación y, tumbado a mi lado, él me acaricia suave y provocativamente el pecho con la mano. Baja hasta la cadera, me agarra y me atrae hacia él. Yo me desperezo, disfrutando de sus caricias, y noto su erección contra mi trasero. Oh. La alarma despertador estilo Christian Grey. —Estás contento de verme —balbuceo medio dormida, y me retuerzo sugerentemente contra él. Noto que sonríe pegado a mi mejilla. —Estoy muy contento de verte —dice, y desliza la mano sobre mi estómago y más abajo, cubriéndome el sexo y explorándolo con los dedos—. Está claro que despertarse con usted tiene sus ventajas, señorita Steele. Y me da delicadamente la vuelta, hasta quedar tumbada boca arriba. —¿Has dormido bien? —pregunta mientras sus dedos prosiguen su sensual tortura. Me mira sonriendo… con esa deslumbrante sonrisa de modelo masculino cien por cien americano, una sonrisa fascinante de dentadura perfecta, que me deja completamente sin aliento. Mis caderas empiezan a balancearse al ritmo de la danza que han iniciado sus dedos. Me besa recatadamente en los labios y luego desciende hasta el cuello, mordisqueando despacio, besando, y chupando. Gimo. Actúa con delicadeza, y su caricia es leve y celestial. Sus intrépidos dedos siguen bajando y desliza uno de ellos en mi interior, despacio, y sisea sobrecogido. —Oh, Ana —murmura en tono reverencial junto a mi garganta—. Siempre estás dispuesta. Mueve el dedo al tiempo que continúa besándome, y sus labios viajan ociosos por mi clavícula y luego bajan hasta mis pechos. Con los dientes y los labios tortura primero un pezón y luego el otro, pero… oh, con tanta ternura que se tensan y se yerguen a modo de dulce respuesta. Yo ja