Literatura BDSM Cincuenta sombras liberadas | Page 97

Me tira de la trenza de forma que tengo que levantar y echar atrás la cabeza. —Solo lo digo por si acaso… —se defiende y me da un suave beso en los labios. Me pongo los pantalones de chándal y una camisola y decido ir a buscar mi ropa al cuarto de juegos. Mientras cruzo el pasillo, oigo la voz de Christian gritando en el estudio. Me quedo petrificada. —¿Dónde cojones estabas? Oh, mierda. Le está gritando a Sawyer. Hago una mueca de dolor y subo corriendo la escalera hasta el cuarto de juegos. No quiero oír lo que tiene que decirle; Christian aún sigue intimidándome cuando grita. Pobre Sawyer. Al menos yo puedo contestarle también a gritos. Recojo mi ropa y los zapatos de Christian y entonces me fijo en el pequeño cuenco de porcelana con el tapón, que sigue encima de la cómoda. Bueno… supongo que debería limpiarlo. Lo pongo entre la ropa y bajo la escalera. Miro nerviosamente hacia el salón, pero todo está en calma, gracias a Dios. Taylor volverá mañana por la noche y Christian suele estar más tranquilo cuando lo tiene a su lado. Taylor está pasando unos días con su hija. Me pregunto distraída si alguna vez llegaré a conocerla. La señora Jones sale del office y las dos nos sobresaltamos. —Señora Grey… No la había visto. —¡Oh, ahora soy la señora Grey! —Hola, señora Jones. —Bienvenida a casa y felicidades —me dice sonriendo. —Por favor, llámeme Ana. —Oh, señora Grey, no me sentiría cómoda dirigiéndome a usted así. ¡Oh! ¿Por qué tiene que cambiar todo solo porque ahora llevo un anillo en el dedo? —¿Quiere repasar los menús de la semana? —me pregunta mirándome expectante. ¿Los menús? —Mmm… —No es una pregunta que esperara que me hiciera. Sonríe. —Cuando empecé a trabajar con el señor Grey, todos los domingos por la noche repasaba los menús de la semana siguiente con él y hacía una lista de todo lo que necesitábamos de la tienda. —Ah, ya veo. —¿Quiere que yo me ocupe de eso? —dice tendiéndome las manos para cogerme la ropa. —Oh… no. Todavía no he terminado con todo esto. —Y tengo escondido entre la ropa un cuenco con un tapón anal… Me pongo de color escarlata. No sé ni cómo puedo mirar a la señora Jones a la cara. Ella sabe lo que hacemos, porque es la que limpia la habitación. Dios, es muy raro no tener privacidad. —Cuando pueda, señora Grey, estaré encantada de repasar esas cosas con usted. —Gracias. —Nos interrumpe un Sawyer con la cara cenicienta que sale del estudio de Christian como una exhalación y cruza a buen paso el salón. Nos saluda brevemente con la cabeza sin mirarnos a los ojos y se mete en el despacho de Taylor. Me alegro de que nos haya interrumpido porque no quiero hablar de menús ni de tapones anales con la señora Jones. Le dedico una breve sonrisa y me escabullo hacia el dormitorio. ¿Me acostumbraré alguna vez a tener servicio doméstico siempre a mi entera disposición? Sacudo la cabeza… Tal vez algún día.